25 Agosto 2008 - La paz que Jesús da

La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. – Filipenses 4:7.

El mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. – 2 Tesalonicenses 3:16.

“Paz a vosotros”, dijo Jesús a sus discípulos después de su resurrección.

En este mundo la paz depende de un frágil equilibrio entre las relaciones de fuerza. Los hombres la obtienen o la imponen mediante tratados en los cuales cada beligerante hace concesiones. Pero Jesús nos da su paz sin condición. La paz que Jesús nos da está fundada en la gracia y en el perdón de Dios. No depende de nosotros, por eso no es frágil. Permanece, cualesquiera sean nuestros sentimientos.

La paz del Señor no consiste en la ausencia de pruebas y dificultades. Precisamente es en la prueba donde se experimenta la realidad de ella. Da serenidad al alma: no hay más turbación a causa del pecado ni de sus consecuencias, ni temor ante las circunstancias adversas. La paz también elimina los conflictos, sea con Dios, consigo mismo o con otros. ¡Qué diferencia con este mundo atormentado!

La paz que Jesús dejó a sus discípulos presenta este doble aspecto: “La paz os dejo”, como resultado de su sacrificio que da el descanso a la conciencia. “Mi paz os doy” (Juan 14:27); es la que el corazón puede experimentar mediante el Espíritu Santo al aceptar la voluntad del Señor, pese a las dificultades.

Esta paz no es para todos: “No hay paz para los malos” (Isaías 48:22). Está reservada para el creyente, justificado por la fe en el Señor Jesucristo. “Él es nuestra paz” (Efesios 2:14).

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