08 Julio - La serpiente de bronce (1)

Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. – Juan 3:13-14.

El capítulo 21 (v. 1-9) del libro de los Números nos presenta la historia de la serpiente de bronce. Los israelitas murmuraron en el desierto y tuvieron que sufrir las consecuencias: “Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo” (v. 6).

Como siempre, es el Enemigo, la “serpiente antigua”, quien los incitó a murmurar. Por lo tanto tuvieron que experimentar las terribles consecuencias de su incredulidad. Si el hombre no quiere caminar con Dios, entonces conocerá el poder del diablo. La mordedura de las serpientes condujo a Israel a sentir su pecado: “Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes” (v. 7).

Cada necesidad del hombre es una ocasión para que la gracia y la misericordia de Dios se manifiesten. Desde el momento en que Israel podía decir: “Hemos pecado”, la gracia podía derramarse; Dios podía actuar, y eso bastaba.

Cuando Israel murmuró, obtuvo como respuesta la mordedura de las serpientes, pero en cuanto confesó sus pecados, la gracia de Dios le respondió: “…cualquiera que fuere mordido y mirare a ella (la serpiente de bronce), vivirá” (v. 8). El canal por el que la gracia divina podía fluir libremente sobre los pobres pecadores heridos, estaba abierto; ¡maravillosa imagen de la obra de Cristo en la cruz!

 Descargar MP3 (3 MB | 3:24 min)

Comentarios

Escriba un Comentario

No audio file allowed