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Argumentos para no creer
       Aquí encontraras los tipicos argumentos que usan las personas para no aceptar la salvación que nos ofrece el Señor Jesucristo; y no solo eso, sino que también encontraras la respuesta apropiada.



      Si fuera cristiano, fracasaría
      Muchas personas tratan de ser cristianas, pero fracasan. Empiezan muy contentas; después, sus sentimientos de alegría y su resolución de «ser buenas» ambos fracasan. Si usted pasa por semejante experiencia, está ensillando antes de tener caballo. Lo que Dios le pide ahora es que crea en el Señor Jesús. En el momento en que lo haga, tendrá vida eterna y la seguridad de que nunca perecerá (Juan 10:28). Luego, Dios le dará el poder para continuar. Él es el único "poderoso para guardaros sin caída" (Judas 24). El dice al cristiano: "No te desampararé, ni te dejaré" (Hebreos 13:5). Cuando alguien acepta a Cristo como su Salvador, la persona divina del Espíritu Santo viene a vivir en él. De modo que "mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo" (1 Juan 4:4). Éste es el poder para no fracasar como cristiano.

      ¿Quieres ser salvo de toda maldad?
      Tan sólo hay poder en mi Jesús.
      ¿Quieres vivir y gozar santidad?
      Tan sólo hay poder en la cruz.

      Hay poder, sí, sin igual poder
      En Jesús que murió;
      Hay poder, sí, sin igual poder
      Por la sangre que vertió.



      ¿No es un atrevimiento decir que soy salvo?
      ¿Cree a Dios? Él dice por medio del apóstol Juan: "Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios (Jesús), para que sepáis que tenéis vida eterna" (1 Juan 5:13). En lugar de ser presunción o jactancia creer lo que Dios dice, es un gran pecado dudar de su Santa Palabra, Dios dice: Él que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Juan 3:36), de modo que si usted no puede afirmar con toda seguridad que es salvo, en realidad, es porque no cree en Él. "El que no cree, a Dios le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo" (1 Juan 5:10, 11). ¡Crea, pues, y sea salvo!



      ¿Cómo voy a Cristo?
      ¿Qué quiere decir «ir a Cristo»? ¿Cómo lo hago? Bueno, no podemos ir a Cristo físicamente, pero podemos ir a Él con nuestra mente y corazón (con lo más íntimo de nuestro ser). En otras palabras, tenemos que creer y entregarnos en completa sumisión a Jesús como nuestro Señor, nuestro Dueño y Jefe. Es algo fácil con tal que uno esté dispuesto a hacerlo. Usted puede ir a Jesús ahora mismo, dondequiera que esté y sea cual fuere su condición física. Crea en el amor y la muerte de Jesús por usted. Luego, a la luz de la Palabra de Dios, sabrá que es salvo, que tiene vida eterna y nunca morirá eternamente (Juan 5:24).



      No puedo amar a Dios
      Para lograr el perdón de sus pecados, algunas personas se esfuerzan mucho en amar a Dios. Si embargo, se dan cuenta de que realmente no pueden. La Biblia dice: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación (sacrificio que Jesús hizo para satisfacer la justicia divina) por nuestros pecados" (1 Juan 4:10.).
      Después de aceptar a Cristo como nuestro Salvador, lo amaremos por todo lo que él ha hecho por nosotros; pero hasta que seamos salvos no lo podemos amar. Somos salvos creyendo en Cristo (Efesios 2:8) y no tratando de amar a Dios.

      Mi paz es eternal, en Cristo firme está,
      Su muerte en cruz la hizo tal,
      A Dios la gloria allá.

      Fluctúa mi amor; mi gozo viene y va; 
      La paz con Dios, mi Salvador,
      Jamás se mudará.

      Varío yo, más Él que Dios entronizó
      Es inmutable y siempre fiel
      A lo que prometió.



      Eso de sólo creer... ¡parece demasiado fácil!
      La Biblia dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). Por este sencillo medio, Dios permite que incluso el niño, el que no tiene mucho discernimiento o hasta el moribundo puedan ser salvos. Jesús dijo: "De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3).
      Gracias sean dadas a Dios, quien nos proveyó de un medio «fácil» para ser salvos. No fue «fácil» para el Señor Jesús ir a la cruz y ser hecho pecado por nosotros, ser abandonado por Dios en el mismo momento de su humillación y agonía. No era «fácil» para él cuando fue herido "por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados" (Isaías 53:5). Piense en todo lo que él hizo para que nosotros pudiéramos ser salvos fácilmente, Aquel que era santo, sin mancha y para quien el pecado era tan repulsivo.
      ¿Quiere simplemente creer (o confiar) en Jesús como su Salvador? Es la única forma de ser salvo. "Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia" (Romanos 4:5).



      ¿No tengo que orar para ser salvo?
      En ninguna parte de la Biblia se nos dice que la gente se salva por orar mucho, sino simplemente por tener fe en la obra que el Señor Jesucristo cumplió. Usted no necesita suplicarle al Señor que lo salve. Él es quien está rogándole que acepte la salvación (2 Corintios 5:20; Apocalipsis 3:20). En lugar de continuar orando por la salvación, tómela simplemente, hágala suya por fe como un regalo gratis. "La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23).
      "El que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente" (Apocalipsis 22:17).
      Cuenta un creyente: «Cuando tenía diecisiete años, una noche estaba yo sentado en mi cama. No tenía ánimo y pensaba: Ya hace tantos años que ruego a Dios que me salve, y nada ha cambiado. En ese mismo momento, Dios despertó en mí el siguiente pensamiento: Está escrito: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). Eso, pues, ¿no ha de ser verdad? Naturalmente tiene que ser verdad, pues Dios no miente. Entonces, ya estaban perdonados mis pecados cuando con toda rectitud los confesé ante Dios la primera vez. En ese momento entró la paz en mi corazón.»



      Si cumplo con mi parte, ¿no hará Dios la suya?
      Un cristiano dijo que le hicieron falta 42 años para aprender tres verdades:
      - Que él no podía hacer nada para salvarse.
      - Que Dios no le pedía que hiciera algo.
      - Que el Señor Jesucristo lo hizo todo.
      Si usted aprende estas tres lecciones, no volverá a hablar de todos sus intentos. Su «parte» sólo es admitir que es un pecador perdido e inútil, que no puede hacer nada para salvarse, y creer que Jesús hizo todo lo que era necesario, es decir, que Él pagó el precio del rescate con su propia sangre preciosa. Tan pronto como usted deje de tratar de salvarse por sus obras y crea en el Señor Jesús como su Salvador, se convertirá en hijo de Dios, en heredero de la gloria, heredero junto con Jesucristo (Romanos 8:14-17).
      "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia" (Efesios 1:3-7).



      Soy demasiado pecador para ser salvo

      No cabe duda de que usted es un gran pecador, y quizás incluso peor de lo que se imagina. Dios conoce su corazón, su vida, todos los pecados que cometió y los que todavía cometerá. Él sabe mucho más de lo que usted jamás se dará cuenta en la tierra. "Nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros" (Tito 3:3 y 4). Pero desde su niñez, Dios cuidó de usted y le amó más que lo hacen los propios padres. A pesar de su pecado, tiene los brazos abiertos para acogerle. A semejanza del padre, quien recibió a su hijo perdido tal como era, en harapos, miseria y pobreza, a usted Dios quiere salvarle ahora. Tome el lugar del pecador y clame al Salvador, quien dijo: "Al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37). "Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8).

      En 1 Timoteo 1:15, Pablo dijo que él era el pecador más grande pero "que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores". De modo que usted, pese a ser un gran pecador, no está fuera del alcance del perdón de Dios. Al creer en Aquel que murió por usted, recibirá el completo y libre perdón de todos sus pecados (Juan 6:47).



      No creo que me haya arrepentido lo suficiente
      La Biblia dice que, a no ser que nos arrepintamos, pereceremos (Lucas 13:3). ¿Significa esto que usted debe alcanzar cierto grado de arrepentimiento para ser perdonado? 
      Arrepentirse no sólo quiere decir afligirse por los pecados, sino también cambiar por completo su forma de pensar. Es probable que este cambio produzca remordimiento; pero aflicción y arrepentimiento son dos cosas muy diferentes. Dios le pide que se arrepienta, abandone todas las ideas equivocadas y crea lo que Él dice.
      Mis pecados no me preocupan lo suficiente
      Tal vez usted piense que tiene que afligirse mucho por sus pecados o sentir un gran cambio antes de poder ser salvo. Cierto es que hace falta un arrepentimiento sincero.
      Sin embargo, la salvación no depende de lo que uno sienta. Desde pensar en su inquietud. Más bien pregúntese: ¿Quiere Dios salvarme ahora? Dios no quiere que usted perezca, sino que sea salvo eternamente. (Vea Ezequiel 33:11 y 1 Timoteo 2:4-6). Piense en el maravilloso amor de Dios hacia usted, demostrado por el don de su Hijo único. Confíe en Jesús ahora mismo porque "he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación" (2 Corintios 6:2). Sólo conseguirá la salvación en virtud de lo que él hizo y sufrió.


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