¿Existe la Trinidad?
La palabra trinidad no aparece en la Biblia, y aunque la usó Tertuliano en la
última década del siglo II, formalmente no encontró su lugar en la teología
de la iglesia hasta el siglo. IV. Sin embargo, es la doctrina distintiva de la
fe cristiana que abarca todo lo demás. Ella hace tres afirmaciones: que no hay
sino un solo Dios, que cada una de las tres personas, Padre, Hijo, y Espíritu,
es Dios, y que tanto el Padre, como el Hijo y el Espíritu son personas
claramente diferenciadas. En esta forma se ha convertido en la fe de la iglesia
desde que recibió su primera formulación plena por Tertuliano, Atanasio y
Agustín.
I. Derivación
Si bien no es una doctrina bíblica en el sentido de que no se puede encontrar
formulación de ella en la Biblia, se puede ver que ella subyace a la
revelación de Dios, implícita en el AT y explícita en el NT. Con esto
queremos decir que, si bien no podemos hablar confiadamente de la revelación
de la Trinidad en el AT, no obstante una vez que la sustancia de la doctrina ha
sido revelada en el NT, podemos volver hacia atrás y comprobar la existencia
de muchas implicancias de ella en el AT.
a. En el Antiguo Testamento
Se puede entender que en épocas cuando la religión revelada tenía que
hacerse valer en un entorno de idolatría pagana, nada que pudiese poner en
peligro la unidad de Dios podía darse libremente. El primer imperativo, por
consiguiente, consistía en declarar la existencia del único Dios, vivo y
verdadero, y a esta tarea se dedica principalmente el AT. Pero ya en las
primeras páginas del AT se nos enseña a atribuir la existencia y la
persistencia de todas las cosas a una fuente tripartita. Hay pasajes donde Dios,
su Palabra y su Espíritu aparecen juntos, como, por ejemplo, en el relato de
la creación donde Elohim aparece creando por medio de su Palabra y su
Espíritu (Gn. 1.2–3). Se piensa que Gn. 1.26 apunta en la misma dirección,
porque allí se afirma que Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen,
conforme a nuestra semejanza", seguido por la afirmación de su
cumplimiento: "Y creó Dios al hombre a su imagen", caso notable de
intercambio del plural y el singular, lo cual sugiere pluralidad en la unidad.
Hay muchos otros pasajes donde Dios, su Palabra y su Espíritu aparecen juntos
como "co-causas de efectos". En Is. 63.8–10 vemos que son tres los
que hablan, el Dios del pacto con Israel (v. 8), el ángel de la presencia (v.
9), y el Espíritu "enojado" por su rebelión (v. 10). Tanto la
actividad creadora de Dios como su gobierno se asocian, posteriormente, con la
Palabra personificada como "Sabiduría" (Pr. 8.22; Job 28.23–27),
como también con el Espíritu como dispensador de todas las bendiciones, y
fuente de la fuerza física, el valor, la cultura y el gobierno (Ex. 31.3; Nm.
11.25; Jue. 3.10).
La triple fuente revelada en la creación se hace más evidente aun a medida
que se desenvuelve la redención. En una etapa antigua encontramos los notables
fenómenos relacionados con el ángel de Yahvéh, que recibe y acepta honores
divinos (Gn. 16.2–13; 22.11–16). No en todos los pasajes del AT donde
aparece esta designación se refiere a un ser divino, porque está claro que en
pasajes tales como 2 S. 24.16; 2 R. 19.35, se hace referencia a un ángel
creado investido de autoridad divina para la ejecución de una misión
especial. En otros pasajes el ángel de Yahvéh no sólo lleva el nombre divino,
sino que tiene dignidad y poder divinos, dispensa liberación divina, y acepta
homenaje y adoración propios únicamente de Dios. En resumen, al Mesías se le
atribuye deidad, aun cuando se lo considera como persona diferenciada de Dios
mismo (Is. 7.14; 9.6).
El Espíritu de Dios recibe prominencia también en relación con la
revelación y la redención, y se le asigna su función en la dotación del
Mesías para su obra (Is. 11.2; 42.1; 61.1), y en la de su pueblo para
responder con fe y obediencia (Jl. 2.28; Is. 32.15; Ez. 36.26–27). Así, el
Dios que se reveló a sí mismo objetivamente por medio del Ángel mensajero se
reveló a sí mismo subjetivamente en y por el Espíritu, dispensador de todas
las bendiciones y dones en la esfera de la redención. La triple bendición
aarónica (Nm. 6.24) también debe tenerse en cuenta quizá como prototipo de
la bendición apostólica neotestamentaria.
b. En los evangelios
A modo de contraste debemos recordar que el AT fue escrito antes de que se
hubiese dado a conocer con claridad la revelación de la doctrina de la
Trinidad, y el NT después de ella. En el NT la encontramos particularmente en
la encarnación de Dios Hijo, y en el derramamiento del Espíritu Santo. Pero
por tenue que sea la luz en la antigua dispensación, el Padre, el Hijo y el
Espíritu del NT son los mismos que los del AT.
Puede decirse, no obstante, que como preparación para el advenimiento de
Cristo, el Espíritu Santo se hizo presente en la conciencia de hombres
temerosos de Dios en medida desconocida desde el cierre del ministerio
profético de Malaquías. Juan el Bautista, más especialmente, tuvo conciencia
de la presencia y el llamado del Espíritu, y es posible que su predicación
tuviese referencia trinitaria. Llamaba al arrepentimiento para con Dios, a la
fe en el Mesías venidero, y hablaba de un bautismo del Espíritu Santo, del
cual su bautismo con agua era símbolo (Mt. 3.11).
Las épocas especiales de revelación trinitaria fueron las siguientes.
(i) La anunciación. La
participación de la Trinidad en la encarnación le fue revelada a María en
el anuncio angelical de que el Espíritu Santo vendría sobre ella, el poder
del Altísimo le haría sombra y el niño que había de nacer de ella sería
llamado Hijo de Dios (Lc. 1.35). De esta manera se dio a conocer que el
Padre y el Espíritu participarían en la encarnación del Hijo.
(ii) El bautismo de Cristo. En
el bautismo de Cristo en el Jordán se pueden distinguir las tres Personas,
el Hijo que es bautizado, el Padre que habla desde el cielo en
reconocimiento de su Hijo, y el Espíritu que desciende en el símbolo
objetivo de la paloma. Jesús, habiendo recibido así el testimonio del
Padre y del Espíritu, recibió autoridad para bautizar con el Espíritu
Santo. Juan el Bautista parece haber reconocido muy pronto que el Espiritu
Santo vendría del Mesías, y no simplemente con él. La tercera Persona era
por lo tanto el Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo.
(iii) La enseñanza de Jesús.
La enseñanza de Jesús es trinitaria en su totalidad. Habla del Padre que
lo había enviado, de sí mismo como el que revela al Padre, y del Espíritu
como aquel por el cual él y el Padre obran. Las interrelaciones entre
Padre, Hijo y Espíritu se hacen resaltar en todas partes (véase Jn. 14.7,
9–10). Declaró enfáticamente: "Yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador ("Abogado"), para que esté con vosotros para siempre:
el Espíritu de verdad" (Jn. 14.16–26). Se hace por lo tanto una
distinción entre las tres Personas, y también una identificación. El
Padre que es Dios envió al Hijo, y el Hijo que es Dios envió al Espíritu,
que también es Dios. Esta es la base de la creencia cristiana en la "doble
procesión" del Espíritu. En sus disputas con los judíos Cristo
insistió en que su carácter de Hijo no provenía simplemente de David,
sino de una fuente que lo convertía en Señor de David, y que ya lo era
cuando David pronunció las palabras (Mt. 22.43). Esto indicaría tanto su
deidad como su preexistencia.
(iv) La comisión del Señor
resucitado. En la comisión dada por Cristo antes de su ascensión, con
instrucciones a los discípulos sobre ir por todo el mundo con su mensaje,
hizo referencia concreta al bautismo "en el nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo". Es significativo que el nombre sea uno,
pero que dentro de los límites de ese único nombre haya tres Personas
claramente diferenciadas. La Trinidad como tri-unidad no podría expresarse
de modo más claro.
c. Los escritos neotestamentarios
El testimonio que ofrecen los escritos del NT, aparte de los evangelios, es
suficiente para mostrar que Cristo había instruido a sus discípulos en lo
tocante a esta doctrina en mayor medida de lo que registra cualquiera de los
cuatro evangelios. Con decisión y entusiasmo proclaman la doctrina de la
Trinidad como la triple fuente de la redención. El derramamiento del Espíritu
en Pentecostés hizo que la personalidad del mismo adquiriese mayor prominencia
y al mismo tiempo arrojó nueva luz sobre el Hijo. Pedro, al explicar el
fenómeno de Pentecostés, lo representa como una actividad de la Trinidad:
"Este Jesús … exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del
Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y
oís" (Hch. 2.32–33). De modo que la iglesia de Pentecostés estaba
fundada en la doctrina de la Trinidad.
En 1 Co. hay una mención de los dones del Espíritu, la diversidad de
servicios para un mismo Señor y la inspiración de un mismo Dios para la obra
(1 Co. 12.4–6).
Pedro traza la salvación a la misma fuente tri-unitaria: "elegidos según
la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y
ser rociados con la sangre de Jesucristo" (1 P. 1.2). La bendición
apostólica: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la
comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros" (2 Co. 13.14), no
sólo resume la enseñanza apostólica, sino que interpreta el significado más
profundo de la Trinidad en la experiencia cristiana, la gracia salvadora del
Hijo que da acceso al amor del Padre y a la comunión del Espíritu.
Lo que resulta sorprendente, sin embargo, es que esta confesión de Dios como
uno en tres se llevó a cabo sin lucha y sin controversia, por un pueblo
adoctrinado por siglos en la fe del Dios único, y que al ingresar en la
iglesia cristiana no consideraba que estaba haciendo un corte con su antigua fe
en ningún sentido.
II. Formulación
Aun cuando la Escritura no nos ofrece una doctrina formulada de la Trinidad,
ella contiene todos los elementos con los cuales la teología ha armado la
doctrina correspondiente. La enseñanza de Cristo da testimonio de la verdadera
personalidad de cada una de las distinciones en el seno de la Deidad a la vez
que arroja luz sobre las relaciones existentes entre las tres personas. Quedó
para la teología la tarea de formular a base de esto una doctrina de la
Trinidad. La necesidad de formular la doctrina le fue impuesta a la iglesia por
fuerzas externas a ella, y fue, en particular, su fe en la deidad de Cristo y
la necesidad de defenderla lo que primero la impulsó a afrontar la tarea de
formular una doctrina completa de la Trinidad para su regla de fe. Ireneo y
Orígenes comparten con Tertuliano la responsabilidad de la formulación que
sigue siendo, en lo fundamental, la de la iglesia católica. Bajo el liderazgo
de Atanasio esta doctrina se proclamó como credo de la iglesia en el concilio
de Nicea (325 d.C.), y en manos de Agustín, un siglo más tarde, recibió una
formulación que encierra el llamado credo de Atanasio que es aceptado por las
iglesias trinitarias hasta el día de hoy. Después de haber recibido
aclaraciones por cuenta de Juan Calvino, pasó al conjunto de iglesias de la fe
reformada.
En cuanto a la relación existente entre las tres personas hay distinciones
reconocibles.
a. Unidad en diversidad
En la mayoría de las formulaciones esta doctrina se enuncia diciendo que Dios
es uno en su ser esencial, pero que en su ser hay tres Personas, que no
obstante no conforman individuos separados y distintos. Son tres modos o formas
en las que existe la esencia divina. "Persona" es, empero, una
expresión imperfecta de esta verdad en la medida en que para nosotros denota
un individuo racional y moral independiente. Pero en el ser de Dios no hay tres
individuos, sino tres autodistinciones personales en el seno de una sola
esencia divina. Luego también, en el hombre la personalidad conlleva la idea
de independencia de voluntad, acciones y sentimientos que llevan a una conducta
peculiar de la persona. Esto no puede concebirse en relación con la Trinidad.
Cada persona es autoconsciente y autodirigida, pero jamás actúa
independientemente o en oposición. Cuando decimos que Dios es una unidad
queremos decir que, si bien Dios es en sí mismo un centro tripartito de vida,
su vida no está dividida en tres partes. Es uno en esencia, en personalidad y
en voluntad. Cuando decimos que Dios constituye una Trinidad en la unidad
queremos decir que hay unidad en diversidad, y que la diversidad se manifiesta
en Personas, en características y en funciones.
b. Igualdad en dignidad
Hay perfecta igualdad en naturaleza, honor y dignidad entre las tres Personas.
La paternidad pertenece a la esencia misma de la primera Persona y así fue
desde toda la eternidad. Es propiedad personal de Dios, "de quien toma
nombre toda familia en los cielos y en la tierra" (Ef. 3.15).
Al Hijo se le llama "unigénito" quizá para sugerir su carácter
único más que derivación. Cristo siempre se atribuyó una relación única
con Dios como Padre, y los judíos que lo escucharon aparentemente no tuvieron
dudas en cuanto a lo que pretendía. De hecho intentaron matarlo porque "decía
que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios" (Jn. 5.18).
El Espíritu se revela como la persona que con exclusión de toda otra conoce
las profundidades de la naturaleza de Dios: "Porque el espíritu todo lo
escudriña, aun lo profundo de Dios … nadie conoció las cosas de Dios, sino
el Espíritu de Dios" (1 Co. 2.10s). Esto es como decir que el Espíritu
no es sino "Dios mismo en la más profunda esencia de su ser".
Esto pone el sello de la enseñanza neotestamentaria sobre la doctrina de la
igualdad de las tres Personas.
c. Diversidad en las funciones
En las funciones asignadas a cada una de las Personas en la Deidad,
especialmente en cuanto a la redención del hombre, resulta claro que se
incluye un cierto prado de subordinación (en relación, si bien no en
naturaleza); primero, el Padre, segundo, el Hijo, tercero, el Espíritu. El
Padre obra a través del Hijo por medio del Espíritu. Así, Cristo puede decir:
"El Padre mayor es que yo." Como el Hijo fue enviado por el Padre,
así el Espíritu es enviado por el Hijo. Como era función del Hijo revelar al
Padre, así la función del Espíritu es revelar al Hijo, tal como lo expresó
Cristo: "El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará
saber" (Jn. 16.14).
Se ha de reconocer que la doctrina surgió como expresión espontánea de la
experiencia cristiana. Los primitivos cristianos se sabían reconciliados con
Dios Padre, y sabían que esa reconciliación fue asegurada por la obra
expiatoria del Hijo, y que ella les era comunicada en forma de experiencia por
el Espíritu Santo. Por lo tanto para ellos la Trinidad fue un hecho antes de
convertirse en doctrina, pero a fin de preservarla como parte del credo de la
iglesia fue preciso formular la doctrina.
III. Consecuencias de la doctrina
Las consecuencias de esta doctrina son de suma importancia no sólo para la
teología, sino para la experiencia y la vida cristianas.
a. Significa que Dios es revelable
La revelación es tan natural para Dios como lo es para el sol el acto de
brillar. Antes de que hubiera seres creados ya existía la autorrevelación en
el seno de la Trinidad, por cuanto en ella el Padre revelaba al Hijo, el Padre
y el Hijo revelaban al Espíritu, el Espíritu comunicaba esa revelación en el
seno del ser de Dios. Cuando Dios determinó crear un universo esto no
significó ningún cambio en el comportamiento de Dios; significaba dejar que
su revelación brillara hacia afuera, hacia su creación. Y esto lo hizo por
medio de su Espíritu revelador,
b. Significa que Dios es comunicable
Cuando el sol brilla comunica su luz, su calor y su energía. De modo que si
Dios es en su misma esencia comunión él puede hacer que esa comunión se
exteriorice hacia sus criaturas y puede comunicarse con ellas según su
capacidad de recepción. Esto es lo que ocurrió en forma suprema cuando
acudió a redimir a los hombres: hizo que su comunión se inclinara hacia abajo
para alcanzar al hombre proscrito y levantarlo. Y así, dado que Dios es un
Dios trino tiene algo que compartir: su propia vida y comunión.
c. Significa que la Trinidad es la base de toda verdadera comunión en el mundo
Ya que Dios es en sí mismo comunión, significa que sus criaturas morales, que
han sido hechas a su imagen, encuentran plenitud de vida sólo en comunión.
Esto se refleja en el matrimonio, en el hogar, en la sociedad, y sobre todo en
la iglesia, cuya koinoµnia se construye sobre la base de la comunión de las
tres Personas. La comunión cristiana es, por lo tanto, lo más divino que hay
en la tierra, el equivalente terrenal de la vida divina, tal como Cristo oró
por sus seguidores: "Que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo
en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (Jn. 17.21).
d. Proporciona variedad a la vida del universo
Hay, como hemos visto, diversidad en la vida de Dios. Dios Padre concibe, Dios
Hijo crea, Dios Espíritu da vida; una gran diversidad en cuanto a vida,
funciones y actividad. Por esta razón podemos comprender que si el universo es
manifestación de Dios, podemos esperar que haya diversidad en la vida de esa
totalidad que es el universo creado. Pensamos que la llamada uniformidad de la
naturaleza está totalmente equivocada. Todas las maravillas de la creación,
todas las formas de vida, todo el movimiento en el universo, son reflejo,
espejo, de la multiforme vida de Dios. No existe la monotonía de la
uniformidad, ni la uniformidad de diseño en gran escala, por cuanto la
naturaleza refleja el carácter multiforme de la naturaleza y la personalidad
del Dios vivo.

Nota:
Toda las citas biblicas deben ser revisadas en su Biblia. 2 Co. 3:6b.