La Sociedad Israelita de la
Época de Jesús
En la sociedad israelita de la época de Jesús había tres clases sociales:
una alta, una media y otra pobre. La clase alta se componía de las familias de
los jefes políticos y religiosos, de los comerciantes solventes y
terratenientes, y de los recaudadores de impuestos (publicanos). La clase media
contaba con los medianos y pequeños comerciantes, los artesanos, los
sacerdotes y los maestros de la ley. Por último, la clase pobre, la más
numerosa, estaba formada por jornaleros que vivían al día (Mt 20.1–16), y
por muchos otros que vivían al margen de la sociedad, como los mendigos, los
leprosos y los paralíticos (Mc 10.46).
Según las leyes, el lugar más bajo en la escala social lo ocupaban los
esclavos, aunque su situación real dependía de la posición y carácter de
sus amos. Los esclavos que no eran judíos rara vez recuperaban su libertad. En
cambio, los esclavos israelitas podían recuperar su libertad en el año
sabático. El año sabático se celebraba cada siete años, y su objetivo era
que no se cultivara la tierra durante un año, para celebrar así un año en
honor a Dios (Ex 23.10–11; Lv 25.1–7; 26.34, 43). Como no se debía
cultivar, no se podían saldar las deudas, y éstas se perdonaban. Del mismo
modo, eran liberados los esclavos israelitas que habían trabajado durante seis
años.
Los principales oficios eran la agricultura, la ganadería, la pesca (en el
lago de Galilea), trabajos artesanales (alfarería, zapatería, carpintería,
albañilería, etc.) y el comercio. También la atención del templo daba
trabajo a un gran número de sacerdotes y levitas.
Se dice que la población de Palestina en la época de Jesús pudo haber sido
de aproximadamente un millón de personas.
Los judíos no formaban un grupo religioso y político unido. Decimos religioso
y político porque ambos aspectos estaban muy relacionados. En este sentido,
los judíos se habían dividido en muchos grupos. En el Nuevo Testamento se
mencionan varios de ellos: los fariseos, los saduceos, los
herodianos y los maestros de la ley. Los fariseos
eran un grupo más que todo religioso. Defendían la estricta obediencia de la
ley de Moisés, de las tradiciones y de la piedad popular (Flp 3.5–6).
Representaban el grupo con más autoridad entre el pueblo. Eran influyentes y
participaban en la dirección política. Después de la destrucción del templo
de Jerusalén (año 70 d.C.), fue el grupo que predominó entre los judíos.
Este grupo sostuvo la idea de la vida eterna, el libre albedrío y la
providencia. Los saduceos, en
su mayoría, venían de familias de sacerdotes aristocráticos. El grupo se
asociaba con los sacerdotes y con el Sanedrín o tribunal judicial israelí.
Negaban la vida futura y la existencia de los ángeles y espíritus (Mt 22.23–33;
Hch 23.6–8). También desaparecieron con la caída de Jerusalén. Un grupo
menor fue el de los herodianos
(partidarios de Herodes; Mt 22.16), y el de los esenios. Los esenios
no se mencionan en el Nuevo Testamento; sin embargo, los historiadores y
testigos de la época (Filón de Alejandría, Flavio Josefo, Plinio), e incluso
los primeros padres de la iglesia (Justino, Clemente de Alejandría, Orígenes),
reconocieron su importancia. Cultivaban una vida comunitaria y muy organizada,
los bienes eran comunes y exigían el celibato, la rectitud moral, la modestia,
los vestidos blancos, las comidas comunitarias, las abluciones o ritos de
purificación con agua, y el separarse del resto de los judíos. Creían en las
doctrinas hebreas y en la necesidad de purificarse con persistencia. Pero
también tenían muchas creencias paganas: el determinismo universal, la
adoración del sol como dios, y la reencarnación. Este grupo, como los dos
anteriores, desapareció al luchar contra Roma. Precisamente se desencadenó
esta lucha en el año 66 d.C. por los celotes («los celosos»). Ellos
eran fanáticos de la libertad y de una exagerada espera en los momentos
culminantes de la vida y de la historia.
Un grupo importante por su influencia literaria: los
maestros de la ley (escribas,
letrados o rabinos). Ellos enseñaban la religión y las tradiciones, y
explicaban las Escrituras. En su mayoría eran laicos. Enseñaban en el templo
(Lc 2.46) o en las sinagogas (Hch 15.21). Ejercían mucha influencia por su
piedad y erudición. Hacían estrictas interpretaciones de la ley, creían en
cierta libertad humana, pero limitada por la providencia. Creían en la
resurrección y en los ángeles, en la venida del Mesías y en la reunión
final de todas las tribus de Israel. Su marcado carácter separatista los
volvió presumidos, y con eso disminuyeron su fuerza espiritual. Junto con los
fariseos, se opusieron fuertemente a Jesús (Mt 23). Sus enseñanzas se
conservaron en la llamada «literatura rabínica», escrita después del Nuevo
Testamento.
Por último, mencionaremos a los Asideos llamados luego como Los
fariseos. Los Asideos, su jefe parece haber sido el sumo sacerdote Onías III, depuesto por Antíoco
Epífanes.

Nota:
Toda las citas biblicas deben ser revisadas en su Biblia. 2 Co. 3:6b.