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La Salvación y Términos
Afines
Salvación (hebreo yeµsûa>, griego soµteµria).
I. En el Antiguo Testamento
El principal término hebreo traducido "salvación" es yeµsûa> y
los derivados correspondientes. Su significado básico es "introducir en un
ambiente espacioso" (Sal. 18.36; 66.12), pero tiene desde el comienzo el
sentido metafórico de "liberación de toda limitación" y los medios
para llegar a ella; liberación de los factores que constriñen y limitan. Puede
referirse a liberación de una enfermedad (Is. 38.20; 9), de los problemas (Jer.
30.7), o de los enemigos (2 S. 3.18; Sal. 44.7). En la gran mayoría de las
referencias Dios es el autor de la salvación. Así, Dios salva a su rebaño (Ez.
34.22); rescata a su pueblo (Os. 1.7) y sólo el puede salvarlos (Os. 13.10–14);
no hay otro salvador aparte de él (Is. 43.11). Salvó a los padres de Egipto
(Sal. 106.7–10), y a sus hijos de Babilonia (Jer. 30.10). Él es el refugio y
el salvador de su pueblo (2 S. 22.3). Salva al pobre y al necesitado cuando no
tienen otro que los ayude (Sal. 34.6; Job 5.15). En las palabras de Moisés,
"estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy" (Ex. 14.13),
tenemos la esencia misma del concepto veterotestamentario de la salvación. Así,
conocer a Dios en alguna medida es conocerlo como Dios salvador (Os. 13.4), de
modo que las palabras "Dios" y "Salvador" son virtualmente
idénticas en el AT. El gran ejemplo normativo de la liberación salvífica
divina es el éxodo (Ex. 12.40–14.31). La redención de la esclavitud egipcia
mediante la intervención de Dios en el mar Rojo fue determinante de toda la
subsiguiente reflexión de Israel acerca de la naturaleza y la actividad de Dios.
El éxodo fue el molde al cual se incorporó toda la subsiguiente
interpretación del drama de la historia de Israel. Se lo expresaba con el canto
en el culto (Sal. 66.1–7), se lo relataba (Dt. 6.20–24), se lo representaba
en el ritual (Ex. 13.3–16). De manera que la noción de la salvación surgió
del éxodo, estampada ideleblemente con la dimensión de los poderosos actos de
liberación divina en la historia.
Este elemento profundamente significativo sirvió de base, a su vez, para una
contribución veterotestamentaria aun mayor a la idea de la salvación cual es
la escatología. La experiencia que tuvo Israel en cuanto a Dios como salvador
en el pasado le permitió proyectar su fe hacia adelante, hacia la expectativa
de su salvación plena y definitiva en el futuro. Precisamente porque Yahvéh se
ha hecho conocer como Señor de todos, creador y sustentador de toda la tierra,
y porque es un Dios justo y fiel, un día hará efectiva su total victoria sobre
sus enemigos y salvará a su pueblo de todos sus males (Is. 43.11–21; Dt. 9.4–6;
Ez. 36.22–23). En el período primitivo esta esperanza de salvación se centra
más en la intervención histórica inmediata para la reivindicación de Israel
(Gn. 49; Dt. 33; Nm. 23s). En el período profético encuentra expresión en
función de un "día de Yahvéh" en el cual el juicio habrá de
combinarse con la liberación (Is. 24.19s; 25.6–8; Jl. 2.1s, 28–32; Am.
5.18s; 9.11s). La experiencia del exilio proporcionó tanto una imagen concreta
como un marco concreto para la expresión de esta esperanza como un nuevo éxodo
(Is. 43.14–16; 48.20s; 51.9s; Jer. 31.31–34; Ez. 37.21–28; Zac. 8.7–13);
pero los desalentadores y limitados resultados de la restauración proyectaron
la esperanza hacia adelante nuevamente, y la transmutaron en lo que se ha
denominado la escatológica-trascendental (Is. 64.1s; 65.17s; 66.22), la
esperanza del >olaµm habba<, el nuevo mundo al final de la era presente,
en el que el gobierno soberano y el carácter justo de Dios se manifestarán en
todas las naciones.
Correspondería hacer referencia también a otros términos relacionados que la
LXX vierte como soµteµria; en particular la raíz g<l, ‘redimir’,
recuperar propiedad que ha ido a parar a manos ajenas, "volver a adquirir",
a menudo mediante compra. La persona que efectuaba dicha
redención, o
salvación, es el goµ<eµl, el ‘pariente-redentor’ (cf. Lv. 25.26, 32;
Rt. 4.4, 6). Dios es el gran goµ<eµl de Israel (Ex. 6.6; Sal. 77.14s). Este
uso es sinónimo de yeµsûa> en la última parte de Isaías (Is. 41.14;
44.6; 47.4). Aparecen como términos paralelos en Is. 43.1–2; 60.16; 63.9.
Finalmente notamos que la actividad salvífica de Dios en el AT se amplía y se
profundiza en función de un instrumento particular de esa salvación, el
Mesías-Siervo. La salvación envuelve un agente, o salvador, aunque no
necesariamente distinto de Yahvéh mismo. En general aunque Yahvéh puede
emplear agentes humanos particulares, o salvadores, en momentos históricos
determinados (Gn. 45.7; Jue. 3.9, 15; 2 R. 13.5; Neh. 9.27), sólo él es el
salvador de su pueblo (Is. 43.11; 45.21; Os. 13.4). Esta afirmación general,
empero, requiere aclaración en el contexto del desarrollo de la esperanza de la
salvación en el AT, donde en los cánticos del Siervo encontramos una
encarnación personal de la salvación moral de Yahvéh, aun cuando nunca se
hace referencia al Siervo como salvador en forma directa. La configuración
corporativa está claramente presente aquí, pero la personificación del
ministerio del Siervo está clara en el texto, y a la luz del cumplimiento
neotestamentario no requiere defensas adicionales. En el cántico, Is. 49.1–6,
aparece como instrumento de la salvación universal preparada por Dios (v. 6;
también 8). El cántico final, 52.13–53.12, no contiene el término, pero el
concepto de la salvación está presente en todas partes en función de una
liberación del pecado y sus consecuencias. Así, el AT nos ayuda a comprender,
finalmente, que Dios salva a su pueblo mediante su Mesías-Salvador.
II. En el Nuevo Testamento
En el NT comenzamos con la observación general de que, en buena medida, el uso
"religioso" de una liberación moral/espiritual se vuelve totalmente
dominante en lo que respecta al concepto de la salvación. En el uso no
religioso se limita virtualmente a salvar ante graves peligros de muerte (Hch.
27.20, 31; Mr. 15.30; He. 5.7).
a. Los evangelios sinópticos
Jesús menciona la palabra salvación una
sola vez (Lc. 19.9), donde puede referirse ya sea a sí mismo como
personificación de la salvación, impartiendo perdón a Zaqueo, o a aquello que
se evidencia por la conducta transformada del publicano. Nuestro Señor, empero,
usó la palabra "salvar" y otras afines para indicar primero lo que
vino a hacer (por inferencia, Mr. 3.4; y por afirmación directa, Lc. 4.18; Mt.
18.11; Lc. 9.56; Mt. 20.28), y segundo, lo que se le exige al hombre (Mr. 8.35;
Lc. 7.50; 8.12; 13.24; Mt. 10.22). Lc. 18.26, y el contexto, muestra que la
salvación exige un corazón contrito, impotencia como del niño, dispuesta a
recibir, y la renuncia a todas las cosas por amor a Cristo, condiciones todas
que el hombre no puede cumplir por sí solo.
El testimonio de otros acerca de la actividad salvífica de nuestro Señor es
tanto indirecta (Mr. 15.31) como directa (Mt. 8.17). Está también el
testimonio de su propio nombre (Mt. 1.21, 23). Estos variados usos sugieren en
conjunto que la salvación estaba presente en la persona y el ministerio de
Cristo, y especialmente en su muerte.
b. El cuarto evangelio
Esta doble verdad la subraya el cuarto
evangelio, en el que cada capítulo sugiere diferentes aspectos de la salvación.
Así, en 1.12s los hombres se convierten en hijos de Dios al confiar en Cristo;
en 2.5 la situación se soluciona al hacer "todo lo que os dijere"; en
3.5 el nuevo nacimiento por el Espíritu es esencial para entrar en el reino,
pero 3.14, 17 deja en claro que esa nueva vida no es posible aparte de la fe en
la muerte de Cristo, sin la cual los hombres ya están sujetos a condenación
(3.17); en 4.22 la salvación es de los judíos—por revelación
históricamente canalizada por medio del pueblo de Dios—y es un regalo que
interiormente transforma y capacita a los hombres para la adoración.
En 5.14 el que ha sido sanado no debe volver a pecar, no sea que le ocurra algo
peor; en 5.39 las Escrituras dan testimonio de que hay vida (= salvación) en el
Hijo, a quien le han sido encomendados la vida y el juicio; en 5.24 los
creyentes ya han pasado de muerte a vida; en 6.35 Jesús declara que él es el
pan de vida, a quien únicamente deben acudir los hombres (6.68) en busca de las
vivificantes palabras de vida eterna; en 7.39 el agua es símbolo de la vida
salvífica del Espíritu que había de venir después que Jesús fuese
glorificado.
En 8.12 el evangelista indica la seguridad que ofrece la guía de la luz y en
los vv. 32, 36 la libertad que se adquiere por medio de la verdad que reside en
el Hijo; en 9.25, 37, 39 la salvación es visión espiritual; en 10.10 el
ingreso en el disfrute de la seguridad y la vida abundante del redil y del Padre
es por medio de Cristo; en 11.25s la vida de resurrección pertenece al creyente;
en 11.50 (18.14) el propósito salvador de su muerte se describe
inconscientemente; en 12.32 Cristo, levantado en su muerte, atrae a los hombres
hacia sí; en 13.10 el lavado inicial del Señor significa salvación ("está
todo limpio"); en 14.6 Cristo es el camino vivo y verdadero a las moradas
del Padre; en 15.5 el permanecer en él, la Vid, es el secreto de los recursos
vitales; en 16.7–15 por amor a Cristo el Espíritu se hará cargo de los
obstáculos a la salvación y hará los preparativos para su realización; en
17.2–3, 12 el Señor guarda y cuida a los que tienen conocimiento del Dios
verdadero y de su Hijo; en 19.30 se lleva a cabo la salvación; en 20.21–23
las palabras de paz y
perdón acompañan la entrega del don del
Espíritu;
en 21.15–18 su amor reconciliador vuelve a inyectar amor en su seguidor y lo
rehabilita para el servicio.
c. Los Hechos
Hechos traza la proclamación (16.17) de la
salvación en el impacto que produce, primero en las multitudes que escuchan la
exhortación a que sean "salvos de esta perversa generación" (2.40)
mediante el arrepentimiento (que es también don de Dios y parte constitutiva de
la salvación, 11.18), la remisión de pecados, y la recepción del Espíritu
Santo; luego en un individuo enfermo, ignorante de su verdadera necesidad, que
es sanado por el nombre de Jesús, el único nombre en el que podemos ser
salvos; y tercero, en la familia de aquel que preguntó "¿qué debo hacer
para ser salvo?" (16.30ss).
d. Las epístolas pualinas
Pablo sostiene que las Escrituras "pueden
hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús" (2 Ti.
3.15ss) y que proporcionan los ingredientes esenciales para el disfrute de una
salvación plena. Ampliando y aplicando el concepto veterotestamentario de la
justicia divina, que ya anticipaba la justicia salvífica del NT, Pablo
demuestra que no hay salvación alguna por medio de la ley, ya que ella sólo
podía indicar la presencia, y suscitar la actividad reaccionaria, del pecado y
cerrarle la boca a los hombres dada su culpabilidad ante Dios (Ro. 3.19; Gá.
2.16). La salvación se proporciona como libre don del justo Dios obrando en
gracia
para con el indigno pecador que, por el don de la fe, confía en la justicia de
Cristo, que lo ha redimido por medio de su muerte y lo ha justificado con su
resurrección. Dios, por amor a Cristo,
justicia, (justificación)
al pecador (le acredita
la perfecta justicia de Cristo y lo acepta como si no hubiese pecado), perdona
su pecado, lo
reconcilia (reconciliación)
consigo mismo en y mediante
Cristo, "haciendo
la paz mediante la sangre de su cruz" (2 Co. 5.18; Ro. 5.11; Col. 1.20), lo
adopta como miembro de su familia (Gá. 4.5s; Ef. 1.13; 2 Co. 1.22), poniendo el
sello, las arras, las primicias de su Espíritu en su corazón, y de este modo
haciendo de él una nueva creación. Por el mismo Espíritu los subsiguientes
recursos de la salvación lo capacitan para andar en novedad de vida,
mortificando crecientemente los hechos de la carne (Ro. 8.13), hasta que en
última instancia es conformado a Cristo (Ro. 8.29) y su salvación es consumada
en la gloria (Fil. 3.21).
e. La Epístola a los Hebreos
La "gran" salvación de la
Epístola a los Hebreos trasciende los anuncios veterotestamentarios sobre la
salvación. En el NT la salvación se describe con el lenguaje de los
sacrificios; las tantas veces repetidas ofrendas del ritual veterotestamentario
que se ocupaban principalmente de los pecados no premeditados y sólo
proporcionaban una salvación superficial son remplazadas por el sacrificio
único de Cristo, siendo él mismo tanto el Sacerdote de nuestra salvación como
la ofrenda salvífica (He. 9.26; 10.12). El derramamiento de su sangre vital en
la muerte efectúa la
expiación, de modo que en lo sucesivo el hombre,
con la conciencia purificada, puede entrar en la presencia de Dios en las
condiciones del nuevo pacto, ratificado por Dios mediante su Mediador (He. 9.15;
12.24). Hebreos, que tanto recalca la forma en que Cristo encara la cuestión
del pecado mediante su sufrimiento y su muerte a fin de proporcionar la
salvación eterna, anticipa su segunda venida, no ya para ocuparse del pecado,
sino para consumar la salvación de su pueblo y, presumiblemente, la gloria
consiguiente que les corresponde (9.28).
f. La Epístola de Santiago
Santiago enseña que la salvación no es
por "fe" solamente sino también por "obras" (2.24). Su
intención es desilusionar a todo el que se apoya para su salvación en el mero
reconocimiento intelectual de la existencia de Dios, sin un cambio de corazón
que de por resultado obras de justicia. No descuenta la verdadera fe, sino que
pide que su presencia la evidencie una conducta que a su vez ponga de manifiesto
las energías salvíficas de la verdadera religión obrando por medio de la
Palabra de Dios implantada en la persona. Le preocupa tanto como el que más el
hacer volver al pecador del error de su camino y salvar su alma de la muerte
(5.20).
g. 1 y 2 Pedro
1 Pedro destaca, en forma semejante a
Hebreos, lo costoso de la salvación (1.19), que fue buscada y predicha por los
profetas pero es ahora realidad presente para los que, como ovejas extraviadas,
han vuelto al Pastor de sus almas (2.24s). Su aspecto futuro es conocido por los
que "sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la
salvación que está preparada para ser manifestada" (1 P. 1.5).
En 2 Pedro la salvación comprende el escapar de la corrupción que existe en el
mundo por la lascivia haciéndonos partícipes de la naturaleza divina (1.4). En
el contexto del pecado el creyente ansía los nuevos cielos y la nueva tierra en
los que mora la justicia, pero reconoce que la postergación de la parusía se
debe a la paciencia de su Señor, paciencia que forma parte, ella misma, de la
salvación (3.13, 15).
h. 1, 2 y 3 Juan
Para 1 Juan el lenguaje de los sacrificios
en Hebreos es adecuado. Cristo es nuestra salvación al ser él la propiciación
por nuestros pecados, como exteriorización del amor de Dios. Es Dios en su amor,
manifestado en la sangre derramada de Cristo, el que cubre nuestros pecados y
nos purifica. Como en el cuarto evangelio, la salvación se concibe en función
del hecho de nacer de Dios, de conocer a Dios, de poseer vida eterna en Cristo,
de vivir en la luz y la verdad de Dios, de morar en Dios y saber que él mora en
nosotros mediante el amor por su Espíritu (3.9; 4.6, 13; 5.11). 3 Juan tiene
una significativa oración en la que pide prosperidad y salud corporal (bienestar
natural) generales para acompañar la prosperidad del alma (v. 2).
i. La Epístola de Judas
Judas 3, al referirse a la "común
salvación", está pensando en algo semejante a la "común fe" de
Tit. 1.4, y la vincula con la "fe" (cf. Ef. 4.5) por la que tienen que
contender los creyentes. Esta salvación comprende los privilegios, verdades,
demandas y experiencias salvíficos comunes a sus muy diversos lectores. En los
vv. 22s insta a hacer conocer urgentemente esta salvación a diversos grupos de
personas que tienen dudas, que se encuentran en grave peligro, y que están
sumergidas en la degradación.
j. El Apocalipsis
Apocalipsis reitera el tema (de 1 Jn.) de
la salvación como liberación o limpieza del pecado en virtud de la sangre de
Cristo, y la constitución de los creyentes en sacerdoctes reales (1.5s). De un
modo que recuerda al Salmista, el vidente, en actitud de adoración, atribuye la
salvación en toda su amplitud a Dios (7.10). Los últimos capítulos del libro
pintan la salvación en función de las hojas del árbol de la vida que son para
la sanidad de las naciones, árbol al cual, como en el caso de la ciudad de la
salvación, se concede admisión únicamente a aquellos cuyos nombres están
escritos en el libro de la vida.
III. La salvación bíblica: síntesis
1. La salvación es un hecho histórico. La perspectiva veterotestamentaria de
la salvación como producto de la intervención divina en la historia recibe
pleno apoyo en el NT. A diferencia del gnosticismo, el hombre no se salva
mediante la sabiduría; a diferencia del judaísmo, el hombre no se salva
haciendo mérito en lo moral y lo religioso; a diferencia de los cultos
helenísticos de misterio, el hombre no se salva mediante la adquisición de
técnicas para la realización de prácticas religiosas; a diferencia de Roma,
la salvación no ha de ser equiparada con el orden político o la libertad
política. El hombre se salva mediante la acción de Dios en la historia en la
persona de Jesucristo (Ro. 4.25; 5.10; 2 Co. 4.10s; Fil. 2.6s; 1 Ti. 1.15; 1 Jn.
4.9–10, 14). Si bien el nacimiento, la vida, y el ministerio de Jesús no
dejan de tener su importancia, lo que se destaca es su muerte y resurrección (1
Co. 15.5s); somos salvos por la sangre de su cruz (Hch. 20.28; Ro. 3.25; 5.9; Ef.
1.7; Col. 1.20; He. 9.12; 12.24; 13.12; 1 Jn. 1.7; Ap. 1.5; 5.9). En la medida
en que se proclama dicho mensaje y los hombres lo oyen y responden con fe, la
salvación de Dios les es anunciada (Ro. 10.8, 14s; 1 Co. 1.18–25; 15.11; 1
Ts. 1.4s).
2. La salvación tiene carácter moral y espiritual. La salvación tiene
relación con la liberación del pecado y sus consecuencias y, por consiguiente,
de la conciencia de culpa (Ro. 5.1; He. 10.22), de la ley y su maldición (Gá.
3.13; Col. 2.14), de la muerte (1 P. 1.3–5; 1 Co. 15.51–56), del juicio (Ro.
5.9; He. 9.28); también del temor (He. 2.15; 2 Ti. 1.7, 9s), y la esclavitud
(Tit. 2.11–3.6; Gá. 5.1s). Es importante indicar las consecuencias negativas
de esto, lo que la salvación cristiana no incluye. La salvación no incluye
necesariamente la prosperidad material ni el éxito mundano (Hch. 3.6; 2 Co.
6.10), como tampoco promete salud física ni bienestar. Es preciso tener cuidado
de no exagerar justamente este aspecto negativo, ya que ha habido y hay
actualmente curaciones realmente notables, y la capacidad para realizar
curaciones es un don que el Espíritu ha dado a la Iglesia (Hch. 3.9; 9.34;
20.9s; 1 Co. 12.28). Pero no en todos los casos se producen las curaciones, y
por lo tanto no constituye en ningún sentido un "derecho" de la
persona que es salva (1 Ti. 5.23; 2 Ti. 4.20; Fil. 2.25s; 2 Co. 12.7–9). Más
aun, la salvación no inmuniza contra penurias y peligros físicos (1 Co. 4.9–13;
2 Co. 11.23–28), ni tampoco, quizá, contra hechos aparentemente trágicos
(Mt. 5.45 [?]). No significa que el creyente se verá libre de injusticias
sociales y malos tratos (1 Co. 7.20–24; 1 P. 2.18–25).
3. La salvación es escatológica. Existe el peligro de definir el sentido de la
salvación en forma demasiado negativa. Aquí recordamos la admisión hecha más
arriba en cuanto a la escasez de referencias a la salvación en labios de Jesús.
La categoría central de Jesús era el reino de Dios, la manifestación del
gobierno soberano de Dios. En Ap. 12.10, sin embargo, la salvación y el reino
virtualmente se equiparan. Para el autor de Apocalipsis, como también para
Jesús, la salvación es equivalente a la vida sujeta al reinado de Dios, o,
como aparece en el testimonio del cuarto evangelio, la vida eterna. Por lo tanto,
la salvación reúne en sí todo el contenido del evangelio. Ella incluye la
liberación del
pecado
y todas sus consecuencias y, en lo positivo, el
otorgamiento de toda bendición espiritual en Cristo (Ef. 1.3), el don del
Espíritu Santo, y la vida de bendición en la era futura. Esta perspectiva
futura es crucial (Ro. 8.24; 13.11; 1 Co. 3.5; Fil. 3.20; He. 1.14; 9.28; 1 P.
1.5, 9). Todo lo que se sabe acerca de la salvación ahora no es más que
preliminar, anticipo de la plenitud de la salvación que está a la espera de la
plenitud del reino en el momento de la parusía del Señor.
Ver
además Eleccíon;
Santificación;
Llamado;
Predestinación;
Relación
con otras perspectivas de la Salvación.

Nota:
Toda las citas biblicas deben ser revisadas en su Biblia. 2 Co. 3:6b.
...sino del espíritu; porque la letra mata, mas
el espíritu vivifica... visita: La Biblia
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