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El Rocio del Hermón


El Rocio del Hermón

 

Rocío

       El hebreo t, ‘humedad salpicada’, se aplica sin discriminación al rocío y a la neblina nocturna. Como los efectos del rocío (la condensación de vapor de agua sobre una superficie fría) y la neblina (la condensación que se produce en el aire) sobre las plantas no se comprenden todavía, quizás la diferencia no sea pertinente. En el oeste de Palestina el rocío se debe en gran parte al aire húmedo que llega desde el mar, especialmente en las zonas cercanas a la costa y en las laderas occidentales de las montañas, aunque no ocurre así durante el verano en el valle del Jordán al Sur de Beisán y en las tierras altas occidentales de la Transjordania. Según algunos el número de noches en que se producen rocíos varía entre 250 anuales en las tierras arenosas de Gaza y las laderas altas del monte Carmelo y 100–150 días en las regiones montañosas de Judea, con un descenso rápido en las tierras bajas del valle del Jordán al Este. La máxima caída de rocío ocurre durante los meses beneficiosos del verano cuando las plantas más necesitan humedad. Se han hecho experimentos con dos tipos de condensación. El “rocio descendente” es característico del verano en las zonas de tierra floja, con buenas condiciones de enfriamiento de la tierra. El “rocío ascendente” es resultado de la condensación de vapor de agua procedente de tierras húmedas, y es, por lo tanto, más frecuente en la estación invernal. Esto podría explicar las señales de Gedeón (Jue. 6.36–40). En su primera experiencia, tan intensa fue la neblina o el rocío durante la noche, que pudo exprimir del vellón el equivalente de un tazón lleno de agua, mientras que la tierra endurecida y caldeada de la era estaba seca. En la segunda experiencia el vellón estaba seco, mientras que la tierra, posiblemente en los revueltos bordes de la era, produjo condiciones propicias para el “rocío ascendente” de la tierra que fue insuficiente para humedecer el vellón.

       Las referencias en las Escrituras indican que, aunque la caída del rocío es misteriosa, su incidencia es muy conocida. “¿Quién engendró las gotas del rocío?” dice el Señor al contestar a Job (38.28), y su origen se considera celestial (Gn. 27.28; Dt. 33.28; Hag. 1.10; Zac. 8.12). Cae repentinamente (2 S. 17.12), suavemente (Dt. 32.2), reposa toda la noche (Job 29.19), y exponerse a él resulta molesto (Cnt. 5.2; Dn. 4.15, 23, 25, 33), pero se evapora rápidamente por la mañana (Job 7.9; Os. 6.4). El rocío puede esperarse en la época estival y calurosa de la siega (Is. 18.4; Os. 14.5; Mi. 5.7).

       El rocío es beneficioso para las cosechas de verano. Esto ha sido comprobado en forma concluyente por estudios agronómicas de cultivos efectuados desde el año 1937. Los antiguos, por lo tanto, no exageraban cuando afirmaban que era fuente de bendición. El rocío puede ser suficientemente abundante como para permitir el cultivo seco durante la ausencia de lluvia (Ecl. 18.16; 43.22). Facilita el cultivo de geófitos en el Neguev y es de gran ayuda en la cosecha de la vid; de ahí la oración, “Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto” (Gn. 27.28; cf. Dt. 33.28). En consecuencia, la falta de rocío era causa de severos aprietos (Hag. 1.10; Job 29.19; Zac. 8.12), por cuanto aumentaba la sequía cuando no había lluvias (1 R. 17.1; 2 S. 1.21). El valor del rocío, pues, se toma como emblema de la resurrección; “tu rocío es un rocío de luz, y sobre la tierra de las sombras lo dejarás caer” (Is. 26.19). En esta profecía se basa la frase talmúdica “el rocío de la resurrección”.

       El pasaje en el Sal. 133.3 parece indicar que el rocio del Hermón desciende sobre el monte de Sión. Esto no puede interpretarse geográficamente. Puede ser una expresión proverbial que hable de abundante rocío, ya que el Hermón recibe la máxima cantidad. Como resultado del abundante rocío sobre el Hermón y el monte Carmelo, la caliza blanda y desmenuzable se desintegra rápidamente y la cantidad de tierra cultivable se renueva con frecuencia. Es así que estas montañas se han convertido en símbolo de fertilidad.

 

Salmo 133

       El Salmo comienza con una situación, procede a una doble comparación (literalmente “es como … es como … ”) y termina con una bendición segura. El versículo 1 enfatiza la unidad: Habitar juntos, ¡y en armonía! Esto es bueno (objetivamente), agradable (subjetivamente). Pero es mucho más: motiva una respuesta celestial de generosa abundancia por lo cual el Señor (Ex. 29:7; 30:25; Lv. 8:12) consagra a su pueblo para ser sus sacerdotes, cumpliendo su deseo expresado para ellos (Ex. 19:6). Además, se trata de un milagro celestial que borra las divisiones (1 Rey. 12:19) y junta a Hermón, la montaña principal de Israel (al norte) y Sion, la montaña (al sur) de Judá en un rocío divino que da vida (Ex. 16:13, 14; Is. 26:19; Os. 14:5). En consecuencia, allá (enfático), o sea, donde el versículo 1 es verdad, “el Señor ha mandado, para siempre, la bendición de la vida”.

 

 

 

 

Nota:
Toda las citas biblicas deben ser revisadas en su Biblia. 2 Co. 3:6b.

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