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La Pascua


La Pascua

       La pascua de Ex. 12 se refiere: (1) al acontecimiento histórico original de la liberación de Israel de la esclavitud egipcia; (2) a la posterior conmemoración institucional periódica de dicho acontecimiento (Mishnah Pesah\im). Íntimamente ligados, aunque independientes, están (3) la prohibición de la levadura, que simbolizaba el apresuramiento de esa inolvidable noche del éxodo, y (4) la posterior dedicación de los Primogénitos, con las ofrendas correspondientes, que conmemoraban a los primogénitos divinamente protegidos en las casas con la sangre rociada. Es muy posible que Moisés haya adoptado costumbres ceremoniales más antiguas, el pan sin levadura era un festival agrícola, la pascua una fiesta nómada y pastoril. Originariamente la pascua puede haber tenido vínculos con la circuncisión, la demonolatría, el culto a la fertilidad, o la oblación por los primogénitos. Hasta el 70 d.C. la pascua se celebró en Jerusalén, en cualquier casa dentro de los límites de la ciudad, y en grupos pequeños; al cordero se lo mataba ritualmente en el recinto del templo. Cuando tanto el templo como la nación palestina fueron destruidos por la guerra, la pascua inevitablemente se convirtió en ceremonia doméstica.

       Los samaritanos siguen observando en forma meticulosa su antiguo rito pascual israelita anualmente en el monte Gerizim, en absoluta conformidad con el Pentateuco, celebrando la pascua y la fiesta de los panes sin levadura en forma completamente separada. A diferencia de los judíos, siguen utilizando un cordero. Ahora se utilizan las laderas de Gerizim, ya que la cumbre ha sido profanada ritualmente por un cementerio musulmán. Apoyan sus pretensiones leyendo, como variante, "Gerizim" en lugar de "Ebal" en Dt. 27.4 y también relacionando Dt. 12.5, 14; 16.6 con Gerizim, y no con Sión. Durante un tiempo hubo un templo samaritano rival en Gerizim, aunque se discuten las fechas precisas en que funcionó.

 

       I. En el Antiguo Testamento

       Ex. 12, punto natural para comenzar el estudio, sugiere las siguientes consideraciones principales.

       1. Pascua (heb. pesah\) proviene de un verbo que significa "pasar por alto", en el sentido de "perdonar, excusar" (Ex. 12.13, 27). Este significado proporciona un sentido excelente; no es necesario desestimar el punto de vista tradicional y antiguo de que Dios literalmente pasó por alto o por encima de las casas de los israelitas que estaban marcadas con la sangre rociada, mientras que hirió a los primogénitos en las casas de los egipcios. El término se usa tanto para la ordenanza como para la víctima del sacrificio. Algunos mencionan otro verbo con las mismas raíces, con el significado de "cojear", lo cual ha dado lugar a diversas teorías; pero hay otros que modifican esta conclusión.

       2. Abib, luego llamado Nisán, el mes en que maduran las espigas y el de la primera pascua, se estableció, en consecuencia, como el primer mes del año judío (Ex. 12.2; Dt. 16.1; Lv. 23.5; Nm. 9.1–5; 28.16).

       3. ¿Fue habitualmente un cordero la víctima pascual, como se cree popularmente? En Dt. 16.2 la elección del tipo de animal es incuestionablemente más amplia; en Ex. 12 depende de la exégesis. Se restringe la palabra hebrea sŒeh (v. 3) a las categorías de la oveja y la cabra, sin tener en cuenta la edad; Se restringe más todavía al cordero o al cabrito. No hay acuerdo total en cuanto al significado de la frase ben-sûaµnaÆ (v. 5), literalmente "hijo de un año". Para algunos esto significa primal, de 12–24 meses de edad, un animal plenamente desarrollado. Pero la exégesis tradicional, que toma los 12 meses como el límite superior, no el inferior, no ha sido enteramente refutada. Las indicaciones talmúdicas parecieran limitar la legitimidad de la víctima para la pascua a las familias de la oveja y la cabra, apoyándose en Éxodo más que en Deuteronomio. La elección entre cordero o cabrito, cordero o cabra, recibe corroboración várias veces, pero no cabe duda de que tomando las referencias en conjunto se establece una cierta preferencia por el cordero. Una disposición excluye al animal hembra, o al macho que ha sobrepasado los dos años, lo cual aportaría apoyo tácito a la interpretación del primal. Mas un pasaje contradictorio declara categóricamente que el sacrificio de la pascua es válido a partir del octavo día de vida. Si el uso universal del cordero no puede demostrarse con seguridad sobre la base de la Escritura o el Talmud, por lo menos está claro que dicha práctica fue fuertemente sancionada por el uso consuetudinario. Resulta interesante y significativo que los samaritanos, siguiendo antiguos precedentes, continúen sacrificando un cordero en las laderas del monte Gerizim hasta el día de hoy.

       4. En la noche de la pascua en Egipto, los dinteles y los parantes de todas las puertas israelitas fueron rociadas (apotropaicamente, sugieren algunos) con la sangre de la víctima. La sangre se llevaba en un tazón, hebreo saf, versículo 22, "lebrillo" (palabra que también podría significar "umbral", con un pequeño cambio exegético), y se aplicaba con un hisopo, o sea el follaje de la mejorana, emblema común de pureza.

       5. La frase "entre las dos tardes" en Ex. 12.6 (también Ex. 16.12; Lv. 23.5; Nm. 9.3, 5, 11) ha recibido dos interpretaciones diferentes, según prácticas comunitarias diversas: ya sea entre las 3 de la tarde y la puesta del sol, como sostenían y practicaban los fariseos; o, como sostenían los samaritanos y otros, entre la puesta del sol y la hora en que oscurece. La primera interpretación, como lo señala Edersheim, proporciona más tiempo para la matanza de los innumerables corderos, y probablemente sea la más acertada.

       6. Ex. 12.43–49 excluye a los gentiles de la participación en la pascua, pero no a los prosélitos, naturalmente, de los que se esperaba que cumpliesen plenamente; incluso se las obligaba a hacerlo.

       Todo el dramatismo y el sentido interior de Ex. 12 está contenido en diecisiete palabras griegas cargadas de significación en He. 11.28.

       La pascua de Dt. 16 difiere en importantes sentidos menores de la de Ex. 12. Ha desaparecido el hincapié que se ponía en la sangre; una ceremonia esencialmente doméstica se ha convertido en un sacrificio más formal, que se cumple en un santuario central, con una elección más amplia de victimas; el versículo 7 estipula que se deberá cocer el animal, no asarlo; la pascua y el pan sin levadura, denominado aquí pan de aflicción, están más integralmente vinculados que en Éxodo. Se trata de evolución, el acontecimiento se transforma en institución, no en contradicción; más todavía, se acerca más a lo que registra el NT en relación con la pascua. No es necesario suponer un gran lapso entre los pasajes; el cambio de las circunstancias puede haber sido anticipado proféticamente en el período del desierto. Se registra incluso que se instituyó una segunda pascua, que se celebraba un mes más tarde, para beneficio de los que estaban levíticamente impuros en el momento de la celebración de la primera (Nm. 9.1–14).

       La pascua se celebraba en los llanos de Jericó durante la conquista (Jos. 5.10s). En las celebraciones de Ezequías (2 Cr. 30.1–27) y Josías (2 Cr. 35.1–19), se considera que el lugar apropiado es el templo de Jerusalén. La ceremonia de Ezequías aprovecha la segunda pascua legítima mencionada antes, porque la gente no está congregada en Jerusalén, y los sacerdotes no se encuentran en estado de pureza levítica, en la fecha más temprana. La breve referencia de Ezequiel (45.21–24) trata de la pascua en el templo ideal concebido por él. Los tres puntos de interés son la participación más plena del líder secular, el hecho de un sacrificio por el pecado, y la total transformación de la celebración familiar en ceremonia pública. Las víctimas que se especifican incluyen novillos, carneros, y cabritos. Las prescripciones de Deuteronomio están considerablemente ampliadas, aunque no se trata de un esquema nuevo.

       La práctica judaica en los últimos días del templo herodiano se refleja en el tratado denominado Pesah\im de la Misná. El pueblo se reunía en grupos en el patio exterior del templo para matar las víctimas pascuales. Los sacerdotes se ubicaban en dos filas; en una fila cada uno de los sacerdotes tenía un tazón de oro, y en la otra un tazón de plata. El tazón que recibía la sangre del animal que moría se pasaba de mano en mano en un intercambio continuo hasta el otro extremo de la fila, donde el último sacerdote echaba la sangre en forma ritual sobre el altar. Todo esto se hacía al tiempo que se cantaba el Hallel (Sal. 113–118). Los grupos celebrantes generalmente constituían unidades familiares, pero también existían otros vínculos, tales como el que ligaba a nuestro Señor a sus discípulos.

 

       II. En el Nuevo Testamento

       En la época neotestamentaria, todos los israelitas varones debían concurrir a Jerusalén tres veces por año, para la fiesta de la pascua, la de las semanas o Pentecostés, y la de los tabernáculos. Incluso los judíos de la dispersión a veces cumplían; la población temporaria de la ciudad santa (los que se hallaban presentes en el momento de Pentecostés en Hch. 2) podía llegar hasta casi los tres millones según Josefo, cifra limitada en forma más realista a 180.000 por J. Jeremias. Después de buscar a la luz de las velas rastros de la levadura prohibida, además de otros preparativos minuciosos (Mr. 14.12–16 y paralelos), la cena pascual misma se comía en posición reclinada. Incluía los elementos simbólicos siguientes: cordero asado, pan sin levadura, hierbas amargas, algunos condimentos menores, y cuatro copas de vino en momentos determinados. El lavado ritual de las manos se observaba cuidadosamente. La mesa (más probablemente el piso) se limpiaba antes de la segunda copa de vino, se relataba la historia de la pascua egipcia y el éxodo en un diálogo entre padre e hijo (o sustitutos adecuados). Luego se volvían a traer los platos de comida, se cantaba parte del Hallel, seguido esto por la segunda copa de vino. Luego se procedía a partir el pan. En la última Cena probablemente fue a esta altura que Judas recibió el pan mojado, y salió a la oscuridad de la noche con el propósito de traicionar a su Maestro (Jn. 13.30). En esa noche fatídica, puede suponerse que la institución de la Cena del Señor o eucaristía estuvo asociada con la tercera copa de vino. El canto del Hallel se completaba con la cuarta copa, seguramente el himno de Mt. 26.30. Se supone aquí que la última Cena coincidió con la pascua reglamentaria, a pesar de las negativas de ciertos opositores. Hay quienes postulan una pascua anticipada, veinte horas antes de que fuesen muertos los corderos, y sostiene que a la hora correspondiente Jesús moría o había ya muerto. Otros sugieren una qiddush pascual, o comida ritual de purificación celebrada con anticipación. Otros arguyen detalladamente en el sentido de que la última Cena era justamente la pascua, que se celebró el 14 de Nisán, el día antes de la crucifixión, que no hay contradicción alguna entre los sinópticos y el cuarto evangelio, cuando los pasajes pertinentes se analizan correctamente. La pasión, dice, ha de fecharse alrededor del 6 de abril del año 30 d.C. Se encontrarán otras interpretaciones en diversos comentarios corrientes.

       El simbolismo, "Cristo nuestra pascua", "Cordero de Dios", resulta familiar por su uso en el NT. Hemos visto que el cordero tradicional, si no puede demostrarse en todos los casos, tiene precedentes amplios. Se afirma en Ex. 12.46 y Nm. 9.12 que ningun hueso de la víctima pascual ha de ser quebrado. Este pequeño detalle se cumple tipológicamente cuando se aplica reverentemente al Crucificado (Jn. 19.36).

       Después de la destrucción del templo de Jerusalén en el 70 d.C. cesó toda posibilidad de matar las víctimas en forma ritual, y la pascua judía se transformó nuevamente en la fiesta familiar que fuera en los primeros tiempos: la rueda había completado el círculo. Mientras que la iglesia y la sinagoga habrían de seguir caminos separados finalmente, el hábito de celebrar la pascua habría de continuar entre ciertos cristianos por un tiempo, particularmente entre los de origen judío o los prosélitos. Pero la Cena del Señor vino a remplazar al mandato judío, así como el bautismo remplazó a la circuncisión.

 

 

 

 

Nota:
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