Obispo
I. Aplicación del término
En el griego clásico, tanto a los hombres como a los dioses se los puede
describir como episkopoi o "superintendentes" en sentido general, no
técnico; inscripciones y papiros de amplia distribución usan la palabra para
denotar magistrados, que a veces parecen haberse ocupado de administrar las
rentas de los templos paganos; Plutarco (Numa 9) denomina al pontífice romano
episkopos de las vírgenes vestales; y esta palabra puede aplicarse también a
filósofos, especialmente los cínicos, cuando actúan como directores
espirituales. La LXX emplea el mismo término para describir capataces u
oficiales (Neh. 11.9; Is. 60.17), y episkopeµ con referencia a la visitación
de Dios (Gn. 50.24; Lc. 19.44). En el NT la palabra se aplica en forma
preeminente a Cristo (1 P. 2.25), luego a la función apostólica (Hch. 1.20,
que cita el Sal. 109.8), y finalmente a los líderes de la congregación local
(Fil. 1.1).
II. Requisitos y función
Es improbable que el uso cristiano del término se haya copiado directamente,
ya sea de fuentes paganas o judaicas; adoptado como descripción genérica de
la función responsable, su significado fue definido de conformidad con los
requisitos exigidos por la iglesia. Dichos requisitos se enumeran en 1 Ti. 3.1
y siguientes y Tit. 1.7 y siguientes: carácter moral intachable, capacidad
docente, naturaleza hospitalaria, paciencia, experiencia, sobriedad, liderazgo,
y total integridad, o, en otras palabras, las cualidades requeridas de un buen
maestro, pastor, y administrador. Parecería no haber duda de que los términos
"obispo" y "presbítero" son sinónimos en el NT. En Hch.
20.17, 28 Pablo describe a los presbíteros de Éfeso como episkopoi; dice que
el Espíritu Santo los ha hecho veedores del rebaño, y podría pensarse que
esto significa que únicamente por estar él ahora ausente han de acceder a las
responsabilidades episcopales que él mismo ejercía hasta entonces; pero el
uso en otras partes va en contra de esta interpretación. Así, en Tit. 1.5 se
le manda a Tito que ordene ancianos, e inmediatamente después (versículo 7),
haciendo una obvia referencia a las mismas personas, se describen los
requisitos del obispo; además, el verbo episkopein se usa para describir la
función de los ancianos en 1 P. 5.2; y mientras 1 Ti. 3 se limita a obispos y
diáconos, la mención de ancianos en el 5.17 sugiere que anciano es otro
nombre para obispo. Había pluralidad de obispos en la única congregación que
había en Filipos (Fil. 1.1), de lo cual podernos deducir que actuaban
corporativamente como cuerpo gobernante de la misma.
III. El surgimiento del episcopado monárquico
En el NT no existen rastros de gobierno por un solo obispo; la posición de
Jacobo en Jerusalén (Hch. 15.13; 21.18; Gá. 2.9, 12) era enteramente
excepcional, y resultado de su relación personal con Cristo; pero la
influencia es cosa muy distinta del cargo. Entre los Padres apostólicos,
Ignacio es el único que insiste en el episcopado monárquico, pero ni siquiera
él afirma que se trata de algo instituido divinamente (argumento que hubiera
sido decisivo, si hubiese podido contar con él). Jerónimo, comentando Tit.
1.5, observa que la supremacía de un obispo único surgió "por costumbre
más bien que por designación del Señor", como forma de impedir los
cismas en la iglesia. Lo más probable es que el episcopado monárquico haya
surgido en las congregaciones locales cuando algún individuo dotado adquirió
un lugar de preeminencia en forma permanente en el cuerpo de
presbíteros-obispos, o a medida que la iglesia fue creciendo, y los
presbíteros se vieron esparcidos por las congregaciones de la zona, quedando
uno solo de ellos en la iglesia madre. Se pensaba que los ancianos constituían
el cuerpo gobernante, mientras que los obispos y diáconos eran los líderes
litúrgicos y los administradores empleados por ellos. Otros han visto los
orígenes del episcopado posterior en la posición ocupada por los asistentes
de Pablo, Timoteo y Tito; pero estos hombres nunca reciben el nombre de obispos,
y los vemos en cartas de recordación, que no hacen provisión clara alguna
para la designación de sucesores personales. Cualquiera haya sido la razón
del surgimiento del episcopado monárquico, su efecto fue el de dividir las
tareas y atribuciones del presbítero-obispo, quedando algunas de ellas a cargo
del obispo y otras a cargo del presbítero.
No sabemos cómo eran ubicados en su cargo los obispos al comienzo; pero el
acento que se pone en la elección popular en Hch. 6, en Clemente de Roma, y en
la Didajé supere que se trataba de una práctica antigua; e indudablemente iba
acompañada de oración e imposición de manos.

Nota:
Toda las citas biblicas deben ser revisadas en su Biblia. 2 Co. 3:6b.