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Números significativos


Números significativos

       Los números también se utilizan con significado teológico o simbólico.

       Uno se utiliza para trasmitir el concepto de la unidad y unicidad de Dios, por ejemplo Dt. 6.4: "Jehová nuestro Dios, Jehová uno es." La raza humana proviene de uno (Hch. 17.26). El pecado entró en el mundo por medio de un hombre (Ro. 5.12). El don de la gracia se obtiene por medio de un hombre, Jesucristo (Ro. 5.15). Su sacrificio cruento es una ofrenda que se hizo de una vez por todas (He. 7.27), y el es el primogénito de entre los muertos (Col. 1.18), las primicias de los que durmieron (1 Co. 15.20). "Uno" expresa también la unidad entre Cristo y el Padre (Jn. 10.30), la unión entre los creyentes y la deidad, y la unidad que existe entre los cristianos (Jn. 17.21; Gá. 3.28). "Uno" expresa también la unidad de propósito (Lc. 10.42). El concepto de unión se encuentra igualmente en el dicho de Jesús referente al matrimonio, "no son ya más dos, sino una sola carne" (Mt. 19.6).

       Dos puede ser un número tanto de unidad como de división. El hombre y la mujer forman la unidad básica de la familia (Gn. 1.27; 2.20, 24). Los animales se asocian por pares y entran al arca de dos en dos (Gn. 7.9). Dos personas a menudo trabajan juntas en compañerismo, por ejemplo los espías de Josué (Jos. 2.1), y los Doce y los Setenta discípulos fueron enviados de dos en dos (Mr. 6.7; Lc. 10.1). Además, en el Sinaí hubo dos tablas de piedra, y a menudo se ofrecían los animales para el sacrificio en pares. Por contraste, el dos se usa con fuerza de separación en 1 R. 18.21, como también se insinúa en los dos "caminos" de Mt. 7.13–14.

       Tres. Es natural que asociemos el número tres con la trinidad de personas en la deidad, y entre otras encontramos las siguientes referencias: Mt. 28.19; Jn. 14.26; 15.26; 2 Co. 13.14; 1 P. 1.2, en las que se sugiere esta enseñanza. El número tres también va asociado con algunos de los actos portentosos de Dios. En el monte Sinaí el Señor iba a descender para entregar su ley en el "tercer día" (Ex. 19.11). En la profecía de Oseas el Señor se proponía dar vida a su pueblo al "tercer día", lo que probablemente quería significar poco tiempo Os. 6.2). En Lc. 13.32 hay un uso similar de "tres", donde "tercer día" es la "forma poética de decir el momento en que algo se ha terminado, completado, y perfeccionado. Jonás fue liberado (Jon. 1.17; Mt. 12.40), y Dios resucitó a Cristo de los muertos, al tercer día (1 Co. 15.4). Tres de los discípulos disfrutama de condiciones especiales de intimidad con Cristo (Mr. 9.2; Mt. 26.37), y en el Calvario hubo tres cruces. Pablo pone el acento en tres virtudes cristianas (1 Co. 13.13). Otra instancia del uso de tres en relación con períodos de tiempo es la elección que se le ofrecio a David de tres días de peste, tres meses de derrotas, o tres años de hambre 1 Cr. 21.12). El despliegue del ejército de Gedeón nos da un ejemplo de división en tres (Jue. 7.16), y la fracción, una tercera parte, se emplea en Ap. 8.7–12.

       Cuatro, el número de los lados de un cuadrado, es uno de los símbolos de lo completo en la Biblia. El nombre divino Yahvéh tiene cuatro letras en hebreo (YHWH). Cuatro eran los ríos que salían del jardín de Edén (Gn. 2.10), y cuatro ángulos tiene la tierra (Ap. 7.1; 20.8), de donde soplan los cuatro vientos (Jer. 49.36; Ez. 37.9; Dn. 7.2). En su visión de la gloria de Dios, Ezequiel vio cuatro seres vivientes (cap. 1), que podemos comparar con los cuatro seres vivientes de Ap. 4.6.

       La historia del mundo desde la época del imperio babilónico está dividida en cuatro reinos (Dn. 2; 7). Cuatro es un número prominente en el simbolismo profético y la literatura apocalíptica, como lo demuestran las siguientes referencias: cuatro carpinteros y cuatro cuernos (Zac. 1.18–21), cuatro carros (Zac. 6.1–8), cuatro cuernos del altar (Ap. 9.13), cuatro ángeles de destrucción (Ap. 9.14). Además, existen cuatro evangelios, y en la época en que el evangelio se extendió a los gentiles, Pedro vio en visión un lienzo bajado por sus cuatro puntas.

       Cinco y diez, y sus múltiplos, aparecen frecuentemente debido a que en Palestina se empleaba el sistema decimal. En el AT se mencionan diez patriarcas antes del diluvio. Los egipcios sufrieron diez plagas, y hubo Diez mandamientos. Un décimo formaba el diezmo (Gn. 14.20; 28.22; Lv. 27.30; 2 Cr. 31.5; Mal. 3.10). En la parábola de Lc. 15.8 la mujer poseía diez dracmas, y en la parábola de las minas se hace mención de diez minas, diez sirvientes, y diez ciudades (Lc. 19.11–27). De las diez vírgenes, cinco eran prudentes y cinco insensatas (Mt. 25.2). Cinco pajarillos se vendían por dos cuartos (Lc. 12.6); el hombre rico tenía cinco hermanos (Lc. 16.28); la mujer junto al pozo había tenido cinco maridos (Jn. 4.18), y en la alimentación de los cinco mil el muchacho tenía cinco panes. Existen diez poderes que no pueden separar al creyente del amor de Dios (Ro. 8.38s), y diez pecados que excluyen del reino de Dios (1 Co. 6.10). El número diez, por lo tanto, también significaba lo completo; diez ancianos forman una compañía (Rt. 4.2).

       Seis. En el relato de la creación Dios creó al hombre y a la mujer en el sexto día (Gn. 1.27). Seis días se le asignaron al hombre para trabajar (Ex. 20.9; 23.12; 31.15; cf. Lc. 13.14). El siervo hebreo tenía que servir durante seis años antes de ser liberado. El número seis, en consecuencia, se halla íntimamente asociado con el hombre.

       El siete ocupa un lugar eminente entre los números sagrados en las Escrituras, y está asociado con la idea de consumación, cumplimiento, y perfección. En el relato de la creación Dios descansó de su obra en el séptimo día, y lo santificó. Esto sirvió de modelo para el día de reposo judío, en el que el hombre debía abstenerse de trabajar (Ex. 20.10), para el año sabático (Lv. 25.2–6), y también para el año de jubileo, que seguía a un período de siete veces siete años (Lv. 25.8). La fiesta del pan sin levadura y la fiesta de los tabernáculos duraban siete días (Ex. 12.15, 19; Nm. 29.12). El día de la expiación correspondía al séptimo mes (Lv. 16.29), y el número siete aparece frecuentemente en relación con el ritual veterotestamentario, por ejemplo el rociamiento de la sangre del becerro siete veces (Lv. 4.6) y el holocausto de siete corderos (Nm. 28.11); el leproso purificado era rociado siete veces (Lv. 14.7), y Naarnán tuvo que lavarse siete veces en el Jordán (2 R. 5.10). En el tabernáculo, el candelero tenía siete brazos (Ex. 25.32).

       Otras referencias dignas de mención son: la madre de siete hijos (Jer. 15.9; 2 Mac. 7.1ss); siete mujeres para un hombre (Is. 4.1); una nuera amante es preferible a siete hijos varones (Rt. 4.15). Los saduceos propusieron un caso de matrimonio por levirato con siete hermanos (Mt. 22.25). Los sacerdotes dieron siete vueltas a Jericó (Jos. 6.4). El sirviente de Elías miró al mar siete veces en busca de lluvia (1 R. 18.43). El salmista alababa a Dios siete veces al día (Sal. 119.164), y Gn. 29.18; 41.29, 54 y Dn. 4.23 mencionan siete años (tiempos). La iglesia primitiva tenía siete diáconos (Hch. 6.3), y Juan se dirige a siete iglesias en el libro de Apocalipsis, en donde se mencionan siete candeleros de oro (1.12) y siete estrellas (1.16). En la alimentación milagrosa de los 4.000 con siete panes y unos pocos panecillos (Mr. 8.1–9), las siete canastas que se recolectaron posteriormente pueden indicar que Jesús es capaz de satisfacer completamente. Siete demonios efectuaron la completa posesión de María Magdalena (Lc. 8.2); el dragón de Ap. 12.3 y la bestia de Ap. 13.1; 17.7 tienen siete cabezas.

       Ocho, 1 P. 3.20 cuenta que ocho personas se salvaron en el arca de Noé. La circuncisión del varón judío se llevaba a cabo al octavo día (Gn. 17.12; Fil. 3.5). En la visión que tuvo Ezequiel del templo nuevo los sacerdotes sacrificaban en el octavo día (43.27).

       Diez. Véase Cinco.

       Doce. El año heb. estaba dividido en doce meses, el día en doce horas (Jn. 11.9). Israel tuvo doce hijos (Gn. 35.22–27; 42.13, 32), y las tribus de Israel, el pueblo de Dios, eran doce (Gn. 49.28). Cristo eligió doce apóstoles (Mt. 10.1ss). El doce, por lo tanto, está ligado a los propósitos electivos de Dios.

       Cuarenta tiene que ver con casi todas las manifestaciones nuevas en la historia de los portentosos actos de Dios, especialmente los de salvación, por ejemplo el diluvio, la redención de Egipto, Elías y la era profética, el advenimiento de Cristo y el nacimiento de la iglesia. Podemos mencionar los siguientes períodos de cuarenta días: las cataratas de agua durante el diluvio (Gn. 7.17); el envío del cuervo (Gn. 8.6); los ayunos de Moises en el monte (Ex. 24.18; 34.28; Dt. 9.9); la exploración de la tierra de Canaán por los espías (Nm. 13.25); la oración de Moisés por Israel (Dt. 9.25); el desafío de Goliat (1 S. 17.16); el viaje de Elías a Horeb (1 R. 19.8); el tiempo que Ezequiel estuvo acostado sobre su lado derecho (Ez. 4.6); la predicación de Jonás a Nínive (Jon. 3.4); el tiempo que pasó Cristo en el desierto antes de su tentación (Mt. 4.2), y sus apariciones después de la resurreccion (Hch. 1.3).

       Con respecto al período de cuarenta años, la cifra general para una generación, podemos mencionar lo siguiente: las divisiones principales de la vida de Moisés (Hch. 7.23, 30, 36; Dt. 31.2); la peregrinación del pueblo de Israel en el desierto (Ex. 16.35; Nm. 14.33; Jos. 5.6; Sal. 95.10); el modelo de servidumbre y liberación que se repite en la era de los jueces (por ejemplo Jue. 3.11; 13.1); los reinados de Saúl, David, y Salomón (Hch. 13.21; 2 S. 5.4; 1 R. 11.42); la desolación de Egipto (Ez. 29.11).

       Setenta se relaciona a menudo con la administración del mundo por parte de Dios. Después del diluvio el mundo fue repoblado por medio de setenta descendientes de Noé (Gn. 10); setenta personas bajaron a Egipto (Gn. 46.27) ; se nombraron setenta ancianos para ayudar a Moisés a administrar a Israel en el desierto (Nm. 11.16); el pueblo de Judá pasó setenta años de exilio en Babilonia (Jer. 25.11; 29.10); setenta semanas, "sietes", fueron decretadas por Dios como el período en el que debía cumplirse la redención mesiánica (Dn. 9.24); Jesús envió a los Setenta (Lc. 10.1); y dijo que se debía perdonar "hasta setenta veces siete" (Mt. 18.22).

       666 (ó 616) es el número de la bestia en Ap. 13.18. Se han propuesto muchas interpretaciones de este número, y por gematría, recurso en el cual se da a los números el valor de las letras correspondientes, el número 666 se ha identificado con los valores numéricos de los nombres de una variedad de personajes célebres, desde Calígula hasta Nerón, y otros posteriormente, y con conceptos tales como el monstruo del caos.

       Ap. 7.4; 14.1 registra el número 144.000, "que fueron sellados". Es el número doce, el número de elección, elevado al cuadrado y multiplicado por mil, número indefinidamente grande, y que simboliza el número total de santos de ambos pactos que son preservados por Dios.

 

 

 

Nota:
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