Guerras de agua o flores, danzas indígenas, africanas o europeas, dioses y
diablos: todo vale en Carnaval, la fiesta desenfrenada y gran negocio con
millones de turistas, desnudeces veraniegas y mascaradas invernales que
convocan hace milenios a todas las clases sociales.
Fiesta de cuatro continentes -Asia es la excepción- y de origen pagano romano,
el carnaval adopta variantes particulares a cada país aunque mantiene
características comunes, en particular un desenfreno que permite asumir
identidades diferentes a las de la vida cotidiana.
En algunos sitios la música predomina
sobre el tumulto, en otros los disfraces, las comidas opíparas más allá, el
alcohol en casi todos (y ahora las drogas). Comparten sin embargo un mismo
calendario, a pesar de las extensiones arbitrarias, aquí y allá, para
aprovechar los ingresos que deja el turismo.
Ese calendario es otra prueba de la
tergiversación de la realidad que lleva imbricada en si mismo el concepto
carnaval, pues la fiesta pagana se rige por lo católico romano: concluye el
Mardi Gras y el día siguiente, miércoles de Cenizas, se abre la cuaresma, el
período de 40 días que precede Pascuas.
Pero el carnaval también tiene -como
todo acontecimiento que moviliza tanta gente dispuesta al desenfreno- su cuota
trágica que en América Latina se mide cada año en cientos de muertos,
gran parte de ellos en accidentes de circulación, otros asesinados por
disputas más o menos banales, algunos por asaltos, y todos ellos enmarcados,
de forma más o menos próxima, en el abuso del alcohol u otras sustancias.
La crónica es elocuente: de acuerdo con
cifras oficiales de cada país el carnaval 2004 dejó 121 muertos en Brasil,
61 en Ecuador, 36 en Venezuela, 30 en Bolivia, 20 en Panamá... y muchos otros
no los cuentan.
Pero al final sólo se trata de cuatro
días locos para vivir. Luego volverán las corbatas de los oficinas, los
trajes sastre de las asistentes, los mamelucos de los obreros hasta el año
que viene.
Excepto -siempre hay alguien que escapa a
la regla- los encargados de organizar la siguiente festividad. El miércoles
de Ceniza vendrán unas cortas vacaciones y de nuevo a buscar ideas, escribir
poemas, componer canciones, diseñar y armar las carrozas y coser los trajes.
Por otro aldo el Carnaval es una fiesta popular que precede a la Cuaresma y se celebra en
ciertos países de tradición cristiana.
La palabra procede probablemente del término latino medieval carnelevarium, 'quitar la carne', aludiendo a la prohibición de comer carne durante los cuarenta días cuaresmales. Por lo general, se celebra durante los tres días, llamados carnestolendas, que preceden al Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma en el calendario cristiano.
El primer día de carnaval difiere de un país a otro.
En Baviera y Austria, donde se le conoce como Fasching, comienza el 6 de enero, día de la Epifanía. En Colonia y otras partes de Alemania, la temporada empieza 11 minutos después de las 11 de la noche del 11 de noviembre. En algunos lugares de Francia y España se inicia el domingo de Quincuagésima (el domingo anterior al Miércoles de Ceniza, principio de la Cuaresma) y termina el Martes de Carnaval; en Italia y otros países mediterráneos comienza el jueves anterior, conocido como jueves graso (de carne), aunque en otros sitios el jueves graso es el siguiente al Miércoles de Ceniza.
Bailes de disfraces, comparsas, desfiles de vistosas carrozas por las calles, desfiles de
Máscaras
y banquetes caracterizan normalmente estas fiestas. El carnaval tiene posiblemente su origen en fiestas paganas, como las del buey Apis e Isis en Egipto, las bacanales griegas y romanas en honor a Baco, las lupercales y saturnales romanas o las fiestas celtas del muérdago.
Esta fiesta renació durante la edad media, al tiempo que se afirmaba la dureza cuaresmal (ayuno y abstinencia). Alcanzó después su máximo valor artístico en Venecia, presidida por el dux y el Senado, y en los bailes de máscaras (como el de la Ópera de París a partir de 1715).
Ahora tiene su mayor expresión popular y turística en el
Carnaval
de Río, Nueva Orleans, Niza y
Santa
Cruz de de Tenerife. Las máscaras (o el antifaz) es quizá el vestigio de las fiestas de
Baco
y Cibeles.
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