Marcos
Capítulo 04-06
Capítulo 04
4:1 Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al
mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca,
se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar.
4:2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:
4:3 Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar;
4:4 y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al
camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron.
4:5 Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha
tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra.
4:6 Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz,
se secó.
4:7 Otra parte cayó entre espinos; y los espinos
crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.
4:8 Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto,
pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.
4:9 Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.
4:10 Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le
preguntaron sobre la parábola.
4:11 Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio
del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas;
4:12 para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan
y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.
4:13 Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo,
pues, entenderéis todas las parábolas?
4:14 El sembrador es el que siembra la palabra.
4:15 Y éstos son los de junto al camino: en quienes se
siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y
quita la palabra que se sembró en sus corazones.
4:16 Estos son asimismo los que fueron sembrados en
pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo;
4:17 pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta
duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la
palabra, luego tropiezan.
4:18 Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los
que oyen la palabra,
4:19 pero los afanes de este siglo, y el engaño de las
riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace
infructuosa.
4:20 Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra:
los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a
ciento por uno.
4:21 También les dijo: ¿Acaso se trae la luz para
ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el
candelero?
4:22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser
manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.
4:23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
4:24 Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la
medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que
oís.
4:25 Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene,
aun lo que tiene se le quitará.
4:26 Decía además: Así es el reino de Dios, como
cuando un hombre echa semilla en la tierra;
4:27 y duerme y se levanta, de noche y de día, y la
semilla brota y crece sin que él sepa cómo.
4:28 Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba,
luego espiga, después grano lleno en la espiga;
4:29 y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la
hoz, porque la siega ha llegado.
4:30 Decía también: ¿A qué haremos semejante el
reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos?
4:31 Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en
tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra;
4:32 pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor
de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del
cielo pueden morar bajo su sombra.
4:33 Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a
lo que podían oír.
4:34 Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les
declaraba todo.
4:35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos
al otro lado.
4:36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había
también con él otras barcas.
4:37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la
barca, de tal manera que ya se anegaba.
4:38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le
dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?
4:39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla,
enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.
4:40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo
no tenéis fe?
4:41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es
éste, que aun el viento y el mar le obedecen?
Capítulo 05
5:1 Vinieron al otro lado del mar, a la región de
los gadarenos.
5:2 Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los
sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,
5:3 que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con
cadenas.
5:4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas
habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía
dominar.
5:5 Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los
sepulcros, e hiriéndose con piedras.
5:6 Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él.
5:7 Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios
Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
5:8 Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu
inmundo.
5:9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió
diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.
5:10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región.
5:11 Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo.
5:12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que
entremos en ellos.
5:13 Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos,
entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en
el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron.
5:14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en
los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido.
5:15 Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que
había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron
miedo.
5:16 Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que
había tenido el demonio, y lo de los cerdos.
5:17 Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos.
5:18 Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que
le dejase estar con él.
5:19 Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete
a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho
contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
5:20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había
hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.
5:21 Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor
de él una gran multitud; y él estaba junto al mar.
5:22 Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le
vio, se postró a sus pies,
5:23 y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos
sobre ella para que sea salva, y vivirá.
5:24 Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.
5:25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,
5:26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y
nada había aprovechado, antes le iba peor,
5:27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó
su manto.
5:28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.
5:29 Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que
estaba sana de aquel azote.
5:30 Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él,
volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis
vestidos?
5:31 Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién
me ha tocado?
5:32 Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.
5:33 Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había
sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
5:34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en
paz, y queda sana de tu azote.
5:35 Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga,
diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?
5:36 Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la
sinagoga: No temas, cree solamente.
5:37 Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de
Jacobo.
5:38 Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que
lloraban y lamentaban mucho.
5:39 Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis?
La niña no está muerta, sino duerme.
5:40 Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la
madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.
5:41 Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi;
que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate.
5:42 Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se
espantaron grandemente.
5:43 Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de
comer.
Capítulo 06
6:1 Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y
le seguían sus discípulos.
6:2 Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos,
oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué
sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?
6:3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de
Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se
escandalizaban de él.
6:4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino
en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
6:5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos,
poniendo sobre ellos las manos.
6:6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de
alrededor, enseñando.
6:7 Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio
autoridad sobre los espíritus inmundos.
6:8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni
alforja, ni pan, ni dinero en el cinto,
6:9 sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.
6:10 Y les dijo: Dondequiera
que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar.
6:11 Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren,
salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para
testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más
tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad.
6:12 Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.
6:13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y
los sanaban.
6:14 Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho
notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan
en él estos poderes.
6:15 Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los
profetas.
6:16 Al oír esto Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité, que ha
resucitado de los muertos.
6:17 Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había
encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;
pues la había tomado por mujer.
6:18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.
6:19 Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía;
6:20 porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le
guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de
buena gana.
6:21 Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños,
daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea,
6:22 entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que
estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras,
y yo te lo daré.
6:23 Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino.
6:24 Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza
de Juan el Bautista.
6:25 Entonces ella entró prontamente al rey, y pidió diciendo: Quiero que
ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
6:26 Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento, y de los que
estaban con él a la mesa, no quiso desecharla.
6:27 Y en seguida el rey, enviando a uno de la guardia, mandó que fuese traída
la cabeza de Juan.
6:28 El guarda fue, le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato y
la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre.
6:29 Cuando oyeron esto sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo
pusieron en un sepulcro.
6:30 Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que
habían hecho, y lo que habían enseñado.
6:31 El les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar
desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían,
de manera que ni aun tenían tiempo para comer.
6:32 Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto.
6:33 Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie
desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él.
6:34 Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque
eran como ovejas que no tenían pastor;y comenzó a enseñarles muchas cosas.
6:35 Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él,
diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada.
6:36 Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren
pan, pues no tienen qué comer.
6:37 Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer.
Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les
demos de comer?
6:38 El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo.
Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces.
6:39 Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.
6:40 Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en
cincuenta.
6:41 Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al
cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los
pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.
6:42 Y comieron todos, y se saciaron.
6:43 Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los
peces.
6:44 Y los que comieron eran cinco mil hombres.
6:45 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a
Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.
6:46 Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar;
6:47 y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.
6:48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario,
cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería
adelantárseles.
6:49 Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y
gritaron;
6:50 porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y
les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!
6:51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron
en gran manera, y se maravillaban.
6:52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban
endurecidos sus corazones.
6:53 Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret, y arribaron a la
orilla.
6:54 Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente le conoció.
6:55 Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas
partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba.
6:56 Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las
calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el
borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.