Ezequiel
Capítulo 08-11
Capítulo 08
8:1 En el sexto año, en el mes sexto, a los
cinco días del mes, aconteció que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos
de Judá estaban sentados delante de mí, y allí se posó sobre mí la mano de
Jehová el Señor.
8:2 Y miré, y he aquí una figura que parecía de hombre; desde sus lomos para
abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba parecía resplandor, el aspecto de
bronce refulgente.
8:3 Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza;
y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de
Dios a Jerusalén, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte,
donde estaba la habitación de la imagen del celo, la que provoca a celos.
8:4 Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la visión que
yo había visto en el campo.
8:5 Y me dijo: Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del norte. Y
alcé mis ojos hacia el norte, y he aquí al norte, junto a la puerta del altar,
aquella imagen del celo en la entrada.
8:6 Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes
abominaciones que la casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario?
Pero vuélvete aún, y verás abominaciones mayores.
8:7 Y me llevó a la entrada del atrio, y miré, y he aquí en la pared un
agujero.
8:8 Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en la pared. Y cavé en la pared, y he
aquí una puerta.
8:9 Me dijo luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que éstos hacen allí.
8:10 Entré, pues, y miré; y he aquí toda forma de reptiles y bestias
abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en
la pared por todo alrededor.
8:11 Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de
Israel, y Jaazanías hijo de Safán en medio de ellos, cada uno con su
incensario en su mano; y subía una nube espesa de incienso.
8:12 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la
casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes?
Porque dicen ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha abandonado la tierra.
8:13 Me dijo después: Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen éstos.
8:14 Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al
norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz.
8:15 Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás
abominaciones mayores que estas.
8:16 Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a
la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco
varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el
oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente.
8:17 Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la casa
de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado de
maldad la tierra, se volvieron a mí para irritarme; he aquí que aplican el
ramo a sus narices.
8:18 Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré
misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré.
Capítulo 09
9:1 Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo:
Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento
para destruir.
9:2 Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que
mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir.
Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un
tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce.
9:3 Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el
cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de
lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano,
9:4 y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén,
y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de
todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.
9:5 Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad;
no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.
9:6 Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede
ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y
comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que
estaban delante del templo.
9:7 Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y
salieron, y mataron en la ciudad.
9:8 Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre
mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás a todo el
remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?
9:9 Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera,
pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está llena de perversidad;
porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve.
9:10 Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré
recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas.
9:11 Y he aquí que el varón vestido de lino, que tenía el tintero a su
cintura, respondió una palabra, diciendo: He hecho conforme a todo lo que me
mandaste.
Capítulo 10
10:1 Miré, y he aquí en la expansión que había
sobre la cabeza de los querubines como una piedra de zafiro, que parecía como
semejanza de un trono que se mostró sobre ellos.
10:2 Y habló al varón vestido de lino, y le dijo: Entra en medio de las ruedas
debajo de los querubines, y llena tus manos de carbones encendidos de entre los
querubines, y espárcelos sobre la ciudad. Y entró a vista mía.
10:3 Y los querubines estaban a la mano derecha de la casa cuando este varón
entró; y la nube llenaba el atrio de adentro.
10:4 Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del querubín al umbral
de la puerta; y la casa fue llena de la nube, y el atrio se llenó del
resplandor de la gloria de Jehová.
10:5 Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio de
afuera, como la voz del Dios Omnipotente cuando habla.
10:6 Aconteció, pues, que al mandar al varón vestido de lino, diciendo: Toma
fuego de entre las ruedas, de entre los querubines, él entró y se paró entre
las ruedas.
10:7 Y un querubín extendió su mano de en medio de los querubines al fuego que
estaba entre ellos, y tomó de él y lo puso en las manos del que estaba vestido
de lino, el cual lo tomó y salió.
10:8 Y apareció en los querubines la figura de una mano de hombre debajo de sus
alas.
10:9 Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines, junto a cada
querubín una rueda; y el aspecto de las ruedas era como de crisólito.
10:10 En cuanto a su apariencia, las cuatro eran de una misma forma, como si
estuviera una en medio de otra.
10:11 Cuando andaban, hacia los cuatro frentes andaban; no se volvían cuando
andaban, sino que al lugar adonde se volvía la primera, en pos de ella iban; ni
se volvían cuando andaban.
10:12 Y todo su cuerpo, sus espaldas, sus manos, sus alas y las ruedas estaban
llenos de ojos alrededor en sus cuatro ruedas.
10:13 A las ruedas, oyéndolo yo, se les gritaba: ¡Rueda!
10:14 Y cada uno tenía cuatro caras. La primera era rostro de querubín; la
segunda, de hombre; la tercera, cara de león; la cuarta, cara de águila.
10:15 Y se levantaron los querubines; este es el ser viviente que vi en el río
Quebar.
10:16 Y cuando andaban los querubines, andaban las ruedas junto con ellos; y
cuando los querubines alzaban sus alas para levantarse de la tierra, las ruedas
tampoco se apartaban de ellos.
10:17 Cuando se paraban ellos, se paraban ellas, y cuando ellos se alzaban, se
alzaban con ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en ellas.
10:18 Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del umbral de la casa, y
se puso sobre los querubines.
10:19 Y alzando los querubines sus alas, se levantaron de la tierra delante de
mis ojos; cuando ellos salieron, también las ruedas se alzaron al lado de ellos;
y se pararon a la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la
gloria del Dios de Israel estaba por encima sobre ellos.
10:20 Estos eran los mismos seres vivientes que vi debajo del Dios de Israel
junto al río Quebar; y conocí que eran querubines.
10:21 Cada uno tenía cuatro caras y cada uno cuatro alas, y figuras de manos de
hombre debajo de sus alas.
10:22 Y la semejanza de sus rostros era la de los rostros que vi junto al río
Quebar, su misma apariencia y su ser; cada uno caminaba derecho hacia adelante.
Capítulo 11
11:1 El Espíritu me elevó, y me llevó por la puerta oriental de la casa de Jehová, la cual mira hacia el oriente; y he aquí a la entrada de la puerta veinticinco hombres, entre los cuales vi a Jaazanías hijo de Azur y a Pelatías hijo de Benaía, principales del pueblo.